Page 4 - Predictiva21- Año 4, Nº 24
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editorial










                                 EL INTERNET DE LAS COSAS

                           O TODAS LAS COSAS EN INTERNET






                         En el año 2016 ya había cinco mil millones de cosas conectadas a Internet, de modo que
                         el IoT está ya en nuestras vidas. Autos, teléfonos, relojes, electrodomésticos… todo está
                         conectado a internet. Y ese todo pasa también por los servicios públicos, las
                         telecomunicaciones, el teletrabajo, el comercio (e-comerce), el transporte y, como no, los
                         procesos industriales en los cuales está inserto el mantenimiento predictivo y la gestión
                         de activos. Desde las redes sociales hasta las alarmas de seguridad están enmarcadas en
                         el IoT. Preguntarse si estamos preparados para estos cambios es una pregunta inútil en
                         este punto de la historia, pues ya ha quedado demostrado que casi nunca estamos
                         preparados a nivel ético y regulatorio con respecto a los avances técnicos y cientícos,
                         dado que es imposible regular y establecer bases éticas sobre lo que aún no se ha creado
                         o inventado. No obstante, siguen habiendo consideraciones éticas a tomar en cuenta. Por
                         ejemplo, el IoT dentro del mundo industrial ha dado paso a lo que conocemos como la
                         Industria 4.0, que abarca  tanto a los procesos como a las personas. Y es aquí donde nos
                         detenemos a tocar un punto que siempre ha sido álgido para esta publicación: la relación
                         entre las personas y las máquinas. El IoT de la Industria 4.0 prevé incluso la creación de
                         robots inteligentes, sistemas que aprenden o el control que se puede ejercer sobre las
                         personas al poder determinar su posición geográca, su actuación y su responsabilidad
                         en errores de carácter humano. La inteligencia articial tiene una ética especíca: la Ética
                         de la Inteligencia Articial, que también incluye la Roboética. La primera se reere a la
                         inteligencia humana que fabrica inteligencia articial y el uso que se le dará a esta, y la
                         segunda incluye la serie de normas que debe seguir una entidad de inteligencia articial,
                         cuyo primer axioma es no dañar la vida humana.  Aquí,  como siempre, volvemos a caer
                         en las áreas grises que separan el Bien y el Mal. Probablemente, el primero en interesarse
                         en este tema fue el escritor Isaac Asimov, quien acuñó la palabra Robot, y cuyas novelas y
                         cuentos versan sobre la inteligencia articial y lo que ello supone para el ser humano. Lo
                         curioso es que Asimov no planteaba sus historias de ciencia cción en base a las hazañas
                         de los robots, sino justamente en la relación entre robots y personas,  y los matices éticos
                         y psicológicos que se desprendía de dicha relación.  La Internet of Things sigue creciendo,
                         evolucionado, como una entidad biológica cuyos alcances aún no
                         podemos determinar, ni mucho menos regular éticamente en su
                         totalidad. Sólo tenemos, de momento, las normas iniciales de
                         lo que debe ser el comportamiento y relación entre el
                         hombre y las máquinas que crea, y la inteligencia
                         articial que responde a estas. Más allá de toda
                         consideración, no debemos perder nunca de vista
                         que el Hombre es un n en sí mismo, y que todas
                         las cosas han de ser a su medida, tal y como
                         postuló Protágoras  400 años A.C., mucho
                         antes de que Alan Turing comenzara a
                         cuestionarse, en la década de los 50, si las
                         máquinas podían pensar.

                                    Enrique González
                                                Director




                                                                                                                      00
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