El factor humano de la confiabilidad

Por José Gerardo Carcaño García, Ingeniero Industrial Mecánico | Director de Operaciones | Gerente Senior de Mantenimiento Industrial | ADM Paper Services, México | Excelencia Operativa | Confiabilidad de Activos | Industria Papelera | TPM, GMAO, OEE, ISO 55000, Start-Up de Plantas

Publicado el 31 de octubre de 2026

Resumen

La confiabilidad industrial no depende exclusivamente de la tecnología, los procedimientos o la condición de los activos. También se construye mediante el liderazgo, la comunicación, la disciplina operativa y la capacidad de las personas para trabajar coordinadamente.

Este artículo presenta una experiencia profesional en el montaje y puesta en marcha de una planta papelera, donde la integración de equipos multidisciplinarios, la coordinación con especialistas internacionales, la gestión diaria del programa y la prioridad otorgada a la seguridad contribuyeron al cumplimiento de los objetivos del proyecto.

La planta inició operaciones conforme al programa establecido, con ajustes normales de configuración durante el arranque. El resultado reportado por el autor fue de 98.35% de éxito frente a una meta esperada del 100%, junto con un resultado reportado de 100% en seguridad del capital humano y los activos de la empresa. La cifra de éxito se conserva como un dato histórico comunicado por el autor, ya que, después de once años, no se dispone de los cálculos originales para reconstruir su metodología.

A partir de esta experiencia se analizan prácticas de liderazgo, coordinación técnica, gestión de riesgos y comunicación que pueden contribuir a una ejecución organizada y a la construcción de condiciones favorables para la confiabilidad operacional.

Palabras clave. Confiabilidad, liderazgo, mantenimiento industrial, seguridad, puesta en marcha, trabajo en equipo, gestión de activos.

1. Introducción, la confiabilidad también es humana

En la industria papelera, la continuidad operacional depende de la interacción entre equipos, procesos, personas y decisiones. La preparación de pastas, la máquina de papel, la embobinadora automática, los sistemas de transporte de rollos y la planta de cogeneración forman parte de una operación en la que las actividades de una especialidad pueden condicionar el avance de las demás.

Por ello, la confiabilidad no debe abordarse únicamente desde la perspectiva de los equipos instalados. También exige una organización capaz de compartir información, anticipar interferencias, resolver desviaciones y mantener una disciplina común de ejecución.

La gestión de activos plantea la necesidad de tomar decisiones que permitan obtener valor de los activos durante su ciclo de vida, considerando los objetivos organizacionales y los riesgos asociados (International Organization for Standardization [ISO], 2024).

Sin embargo, disponer de equipos técnicamente adecuados y de procedimientos bien definidos no garantiza, por sí solo, una ejecución eficaz. Es necesario que las personas comprendan los objetivos, conozcan sus responsabilidades y coordinen sus actividades con las de otros participantes.

El liderazgo de mantenimiento tiene aquí una responsabilidad que trasciende la supervisión técnica: crear las condiciones para que las personas puedan realizar su trabajo de manera segura, coordinada y orientada a resultados.

Esta perspectiva se hizo especialmente evidente durante mi participación en el montaje, arranque y puesta en marcha de una planta papelera. La experiencia confirmó que integrar a las personas y establecer una dinámica de trabajo compartida es tan importante como disponer de los equipos, las herramientas y la documentación necesarios.

2. El reto, integrar capacidades y culturas de trabajo

Mi responsabilidad, desde la Gerencia de Mantenimiento, consistió en liderar las actividades relacionadas con el montaje de equipos, el arranque y la puesta en marcha de diferentes sistemas de la planta, entre ellos la preparación de pastas, la máquina de papel, la embobinadora automática y la planta de cogeneración.

El proyecto implicaba trabajar con personal propio de la empresa, contratistas y especialistas extranjeros procedentes de Finlandia, Canadá, Estados Unidos, España y Brasil, además de profesionales mexicanos.

La diversidad de conocimientos y experiencias representaba una fortaleza, pero también exigía una coordinación precisa. Cada participante debía conocer sus responsabilidades, los objetivos de las actividades asignadas y la manera en que su trabajo se relacionaba con el de las demás especialidades.

La primera prioridad fue integrar las áreas de Almacén de Refacciones, Mecánica, Electricidad e Instrumentación, promoviendo una forma de trabajo colaborativa y alineada con el programa del proyecto.

El objetivo era lograr que los recursos humanos, técnicos y materiales estuvieran coordinados para ejecutar las actividades en tiempo y forma, sin perder de vista la seguridad ni la calidad del trabajo.

En proyectos de esta naturaleza, una instrucción incompleta, una duda técnica sin resolver o una actividad que no se coordina oportunamente pueden afectar etapas posteriores. Por eso, la coordinación no podía depender solamente de conversaciones aisladas: necesitaba una rutina de trabajo constante y compartido.

3. La disciplina diaria como herramienta de liderazgo

Para mantener el enfoque y la coordinación del equipo, establecí reuniones diarias antes del inicio de la jornada laboral.

Estas reuniones tenían una finalidad práctica: convertir el programa general del proyecto en objetivos concretos para cada día y asegurar que los participantes comprendieran qué debían hacer, dónde debían hacerlo y cómo se relacionaban sus actividades con las de los demás.

La dinámica contemplaba siete acciones fundamentales:

1. Comunicar los objetivos del día. Se explicaban de forma clara y precisa las actividades prioritarias y los resultados que debían alcanzarse.

2. Distribuir al personal conforme al programa. Se asignaban los recursos humanos a las áreas correspondientes, tomando en cuenta las necesidades de ejecución y las prioridades del proyecto.

3. Coordinar a los contratistas. Se alineaban los trabajos de las especialidades mecánicas, obra civil, tuberías y demás disciplinas involucradas, buscando evitar interferencias y facilitar la continuidad de las actividades.

4. Mantener coordinación con los especialistas internacionales. Se revisaban las actividades técnicas correspondientes, se daba seguimiento a su ejecución y se atendían las necesidades de coordinación entre los distintos equipos.

5. Resolver desviaciones oportunamente. Cuando se presentaba un obstáculo o una diferencia respecto del programa, se buscaba atenderla de inmediato para minimizar su impacto en las actividades posteriores.

6. Evaluar los resultados al cierre de la jornada. Se comparaban los avances reales con los previstos, se identificaban pendientes y se preparaban las prioridades para el día siguiente.

7. Reconocer el desempeño del equipo. Se destacaban los avances y el esfuerzo de los colaboradores, fortaleciendo la motivación y la responsabilidad compartida.

Esta rutina ayudó a establecer un ritmo de trabajo en el que la comunicación no se limitaba a transmitir instrucciones: permitía coordinar recursos, revisar resultados y actuar sobre los problemas.

El liderazgo se expresaba tanto en la claridad de los objetivos como en la capacidad de escuchar, resolver y mantener al equipo enfocado.

El seguimiento diario también permitía reducir la distancia entre la planificación y la ejecución. En proyectos con múltiples especialidades, esta conexión es importante porque una desviación local puede generar consecuencias en otras actividades.

4. La seguridad como prioridad permanente

El cumplimiento del programa nunca debía anteponerse a la seguridad de las personas ni a la protección de los activos de la empresa.

Por esa razón, las reuniones diarias incorporaban pláticas de seguridad de aproximadamente cinco minutos. Los temas se seleccionaban considerando las actividades programadas y los equipos que serían intervenidos, de modo que las recomendaciones estuvieran vinculadas con los riesgos específicos del trabajo.

Estas pláticas se complementaban con el cumplimiento de los permisos de trabajo, las inspecciones y los protocolos de seguridad aplicables.

La intención era que la seguridad estuviera presente antes de comenzar las actividades y no solamente cuando surgiera un problema. Cada jornada debía iniciar con una comprensión clara de los riesgos y de las medidas necesarias para trabajar de manera controlada.

Esta práctica refleja un principio fundamental de la gestión industrial: la productividad y la seguridad no deben tratarse como objetivos opuestos. Una planificación adecuada, una asignación correcta de recursos y una coordinación efectiva permiten avanzar en el programa sin sacrificar la integridad de las personas ni la protección de las instalaciones.

La seguridad también es una responsabilidad de liderazgo. No basta con establecer reglas; es necesario incorporarlas a la dinámica diaria, darles seguimiento y mantener su cumplimiento incluso bajo la presión de los plazos.

La experiencia de gestión de mantenimiento centrado en confiabilidad también destaca la importancia de considerar las funciones de los sistemas, sus consecuencias operativas y los riesgos al seleccionar estrategias de mantenimiento (National Aeronautics and Space Administration [NASA], 2008). Aunque una guía de mantenimiento no sustituye los procedimientos específicos de seguridad de una instalación, sí refuerza la necesidad de tomar decisiones técnicas con una visión integral de las consecuencias.

5. Un desafío crítico, la embobinadora y el transporte automatizado de rollos

Uno de los mayores retos técnicos y organizativos del proyecto fue la instalación de la embobinadora automática y del sistema de transporte automatizado de rollos hasta el almacén de producto terminado.

La complejidad de esta instalación exigió una colaboración estrecha entre los especialistas de Finlandia y Canadá, el personal de obra civil, los contratistas y los colaboradores de las áreas que integraban la Gerencia de Mantenimiento.

El punto de partida fue la documentación técnica disponible, incluidos los planos y dibujos necesarios para la instalación del equipo.

Tomamos la decisión de poner esta información al alcance de todos los participantes directamente involucrados. El propósito era contar con referencias técnicas comunes que permitieran aclarar dudas, facilitar la coordinación y minimizar desviaciones ocasionadas por desconocimiento o interpretaciones diferentes.

Esta práctica contribuyó a que los participantes trabajaran con una visión más clara de las actividades que debían ejecutar y de las relaciones entre las distintas etapas de la instalación.

La coordinación diaria permitió dar seguimiento al avance, atender las necesidades de cada especialidad y mantener organizadas las actividades de instalación, pruebas y puesta en marcha.

Durante el arranque se realizaron ajustes menores, propios de la configuración inicial de un sistema industrial nuevo. Sin embargo, no se presentaron contratiempos relevantes y el equipo alcanzó un desempeño satisfactorio, de acuerdo con la experiencia descrita.

El resultado no fue producto de una sola intervención ni del conocimiento de una persona en particular. Fue el resultado de integrar capacidades técnicas, compartir información y organizar el trabajo alrededor de un objetivo común.

Este caso ilustra una lección importante: la documentación técnica adquiere mayor valor cuando está disponible y puede ser comprendida y utilizada por las personas responsables de ejecutar el trabajo.

6. Los resultados, cumplimiento del programa y seguridad

La planta inició operaciones conforme al programa establecido, con ajustes normales en la configuración inicial de los equipos, propios de un proceso de arranque.

De acuerdo con la evaluación reportada de esta experiencia, se alcanzaron los siguientes resultados:

  • 98.35% de éxito frente a una meta esperada del 100%.

  • 100% en seguridad del capital humano y los activos de la empresa, conforme al resultado reportado.

  • Cumplimiento del programa de arranque, con ajustes iniciales normales.

  • Instalación, pruebas y puesta en marcha satisfactorias de la embobinadora y el sistema automatizado de transporte de rollos, sin contratiempos relevantes.

Es importante hacer una precisión metodológica. Han transcurrido once años desde el arranque y ya no se dispone de los cálculos originales que permitirían reconstruir cómo se obtuvo el 98.35%. Por rigor editorial, esta cifra se presenta como un resultado histórico reportado por el autor, no como un indicador universal ni como una métrica estandarizada de confiabilidad.

No se le atribuye una fórmula ni una ponderación que no puedan verificarse. Esta transparencia es necesaria para distinguir entre un resultado recordado de la experiencia y un indicador cuyo método de cálculo puede reproducirse.

Aun con esta limitación documental, la experiencia permite destacar una combinación importante: cumplimiento del programa, resolución controlada de los ajustes iniciales y prioridad permanente a la seguridad.

El aprendizaje no consiste en afirmar que un arranque industrial está libre de ajustes, sino en reconocer que estos deben anticiparse, gestionarse y resolverse mediante una coordinación eficaz.

7. Lecciones para la gestión del mantenimiento y la confiabilidad

La experiencia permite identificar principios que pueden aplicarse tanto en proyectos de montaje y puesta en marcha como en la gestión cotidiana del mantenimiento.

7.1. Alinear antes de ejecutar

Cada jornada debe comenzar con objetivos claros, prioridades conocidas y responsabilidades definidas. Una persona que comprende el propósito de su actividad puede coordinarse mejor con quienes dependen de su trabajo.

7.2. Coordinar las interfaces entre disciplinas

Producción, Mantenimiento, Almacén, Ingeniería y los contratistas dependen unos de otros. Una buena coordinación ayuda a anticipar interferencias y resolver oportunamente las situaciones que pueden afectar el avance.

7.3. Hacer accesible la información técnica

Los planos, dibujos y documentos de instalación constituyen referencias esenciales para ejecutar correctamente los trabajos. Compartirlos con quienes participan directamente en las actividades reduce la incertidumbre y facilita la toma de decisiones.

7.4. Atender las desviaciones oportunamente

Los problemas no siempre pueden evitarse, pero su impacto puede reducirse mediante una detección oportuna, una evaluación adecuada y acciones correctivas coordinadas.

7.5. Integrar la seguridad en la planeación

Las pláticas diarias, los permisos de trabajo, las inspecciones y los protocolos deben relacionarse con los riesgos reales de las actividades programadas. La seguridad debe formar parte de la ejecución, no ser una consideración posterior.

7.6. Cerrar el ciclo con verificación

Comparar los resultados con el programa permite identificar brechas, corregir prioridades y preparar la siguiente jornada con información más precisa.

7.7. Reconocer el desempeño

Reconocer el esfuerzo y los avances ayuda a reforzar la motivación y la responsabilidad compartida. Los resultados sostenibles requieren personas que comprendan el propósito de su trabajo y se sientan parte de un objetivo común.

Estas prácticas también son aplicables al mantenimiento preventivo, las reparaciones críticas y las intervenciones que requieren la participación de distintas especialidades. En todos esos escenarios, la confiabilidad depende tanto de la calidad técnica de la intervención como de la forma en que se organiza y ejecuta.

Una gestión de activos eficaz necesita conectar las decisiones técnicas con los objetivos organizacionales y evaluar los resultados durante el ciclo de vida de los activos (ISO, 2024). En la práctica, ese enfoque requiere personas capaces de compartir información, asumir responsabilidades y trabajar de forma coordinada.

8. Conclusión, la confiabilidad también se lidera

La experiencia del montaje y puesta en marcha de esta planta papelera confirmó que el liderazgo de mantenimiento es mucho más que administrar recursos técnicos. Significa integrar capacidades, establecer una comunicación clara, facilitar el acceso a la información, atender desviaciones y mantener la seguridad como una condición permanente del trabajo.

La colaboración entre personal mexicano, contratistas y especialistas internacionales fue un componente importante para alcanzar los objetivos del proyecto. En particular, la instalación de la embobinadora automática y del sistema de transporte de rollos mostró el valor de combinar documentación técnica compartida, coordinación diaria y seguimiento disciplinado.

Los equipos industriales son indispensables para producir, pero son las personas quienes los instalan, ajustan, inspeccionan, mantienen y ponen en condiciones de operar.

Por ello, la confiabilidad debe entenderse también como una capacidad organizacional: la capacidad de trabajar con conocimiento, disciplina, comunicación y responsabilidad compartida.

En definitiva, una máquina no alcanza su mejor desempeño únicamente por su diseño o tecnología. También depende de cómo las personas se organizan para instalarla, cuidarla y operarla.

La confiabilidad se construye con ingeniería, disciplina y procesos; pero se sostiene mediante personas que saben trabajar juntas y líderes que les dan dirección.

Referencias bibliográficas

  • International Organization for Standardization. (2024). Asset management — Vocabulary, overview and principles (ISO 55000:2024). https://www.iso.org/standard/83053.html

  • Moubray, J. (1997). Reliability-centered maintenance (2.a ed.). Industrial Press.

  • National Aeronautics and Space Administration. (2008). Reliability-centered maintenance guide for facilities and collateral equipment. NASA. https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2023/02/nasa_rcmguide.pdf

  • Wireman, T. (2004). Benchmarking best practices in maintenance management (2.a ed.). Industrial Press.

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