Confiabilidad en la formación del recurso humano

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, donde la información está a sólo un click, pero donde paradójicamente existe aún niveles alarmantes de analfabetismo, inclusive dentro del sector profesional. Esto podría responder a la tendencia cada vez más deshumanizante de la automatización y al simple manejo de cantidad de datos en desmedro de la calidad. Es evidente como cada vez importa menos la manera cómo expresamos las ideas, con tal de que el mensaje llegue. Este es el principal motivo que mueve a quien escribe estas breves líneas para realizar una reflexión sobre el nivel de confiabilidad en la formación del recurso humano.
Dentro de la obra “Comportamiento Humano – Nuevos Métodos de Investigación”, Miguel Martínez hace referencia a un artículo de Alejandro Moreno, titulado “El Método de Historias de Vida”, revista Anthropos Nro. 14, y habla sobre cómo el medir, numerar, y cuantificar ha llegado a convertirse en el único criterio de objetividad científica. Si bien es cierto que existe la necesidad de contar con precisión en la obtención y manejo de datos como fundamento para la confiabilidad, no podemos relegar al sujeto a un segundo plano y reducirlo a un simple elemento dentro de un todo. Es él quien tiene preponderancia y hacia él debe converger todo lo existente dentro de una estructura. Eso incluye el aspecto de priorizar calidad sobre cantidad.
Oscar Lewis menciona la “crisis de los métodos cuantitativos” en cuanto al exceso de técnica para realizar una pobre captación de la sociedad en movimiento: el sujeto, lo cotidiano, debe ser el centro de los objetivos del proceso cognitivo, de la formación de un recurso que se enfrenta al reto de un constante y acelerado progreso el cual demanda cada vez más una mejor preparación. El sujeto imprime la dinámica a la realidad. Hay que tomar en cuenta, dentro de esta afirmación, que cada sujeto tiene una historia concreta, unas necesidades específicas que atender, concretamente, el ser enriquecido por un entorno que aporte respuestas a sus interrogantes y lo prepare para ocupar el sitial que le corresponde en la sociedad. Es innegable el hecho de una tendencia a querer saber más, pero esto se convierte en una mera acumulación de datos sin mucha interpretación y menor vivencia y aplicación de los mismos de manera coherente y armónica, al punto de existir profesionales a quienes sólo se les puede preguntar sobre cierta área de su especialidad, pues ignoran u omiten cualquier otro tipo de información que no esté incluida en su sistema de datos. Esto se traduce en una gran falla que termina por restar productividad y e ciencia al todo.
Es necesaria la integralidad en la formación del recurso humano, dentro del criterio cualitativo sobre lo cuantitativo. Recuerdo cómo en repetidas ocasiones, a lo largo de mi ejercicio como docente, mis interlocutores insistían en preguntarme acerca de mi bagaje cognitivo, incluyente de una diversidad de temas que no se limitaban a mi especialidad (“¿Profe, cómo es que usted sabe de tantas cosas?”), y mi respuesta siempre ha sido: ningún conocimiento es despreciable, y nunca se sabe cuándo algo que aprendas te va a servir en determinada circunstancia de la vida. Esa debe ser la orientación en el proceso de acompañamiento al recurso humano en su afán de convertirse en un ser integral, siempre abierto a la posibilidad de aprender, de crecer, de mejorar.
Autor: Lic. Richard J. Skinner
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Dentro de la obra “Comportamiento Humano – Nuevos Métodos de Investigación”, Miguel Martínez hace referencia a un artículo de Alejandro Moreno, titulado “El Método de Historias de Vida”, revista Anthropos Nro. 14, y habla sobre cómo el medir, numerar, y cuantificar ha llegado a convertirse en el único criterio de objetividad científica. Si bien es cierto que existe la necesidad de contar con precisión en la obtención y manejo de datos como fundamento para la confiabilidad, no podemos relegar al sujeto a un segundo plano y reducirlo a un simple elemento dentro de un todo. Es él quien tiene preponderancia y hacia él debe converger todo lo existente dentro de una estructura. Eso incluye el aspecto de priorizar calidad sobre cantidad.
Oscar Lewis menciona la “crisis de los métodos cuantitativos” en cuanto al exceso de técnica para realizar una pobre captación de la sociedad en movimiento: el sujeto, lo cotidiano, debe ser el centro de los objetivos del proceso cognitivo, de la formación de un recurso que se enfrenta al reto de un constante y acelerado progreso el cual demanda cada vez más una mejor preparación. El sujeto imprime la dinámica a la realidad. Hay que tomar en cuenta, dentro de esta afirmación, que cada sujeto tiene una historia concreta, unas necesidades específicas que atender, concretamente, el ser enriquecido por un entorno que aporte respuestas a sus interrogantes y lo prepare para ocupar el sitial que le corresponde en la sociedad. Es innegable el hecho de una tendencia a querer saber más, pero esto se convierte en una mera acumulación de datos sin mucha interpretación y menor vivencia y aplicación de los mismos de manera coherente y armónica, al punto de existir profesionales a quienes sólo se les puede preguntar sobre cierta área de su especialidad, pues ignoran u omiten cualquier otro tipo de información que no esté incluida en su sistema de datos. Esto se traduce en una gran falla que termina por restar productividad y e ciencia al todo.
Es necesaria la integralidad en la formación del recurso humano, dentro del criterio cualitativo sobre lo cuantitativo. Recuerdo cómo en repetidas ocasiones, a lo largo de mi ejercicio como docente, mis interlocutores insistían en preguntarme acerca de mi bagaje cognitivo, incluyente de una diversidad de temas que no se limitaban a mi especialidad (“¿Profe, cómo es que usted sabe de tantas cosas?”), y mi respuesta siempre ha sido: ningún conocimiento es despreciable, y nunca se sabe cuándo algo que aprendas te va a servir en determinada circunstancia de la vida. Esa debe ser la orientación en el proceso de acompañamiento al recurso humano en su afán de convertirse en un ser integral, siempre abierto a la posibilidad de aprender, de crecer, de mejorar.
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