Los Procesos de Prevención del Mantenimiento según UNE 17007

El proceso de prevención en el mantenimiento es el encargado de identificar y priorizar eventos, entendidos como daños o fallas de funcionamiento originadas en fallas latentes u ocultas, que puedan afectar de forma significativa la disponibilidad, la confiabilidad, la seguridad, el ambiente, la calidad del producto o servicio, el valor de los activos o los costos de una instalación.
La Normativa UNE EN 17007 (Procesos de mantenimiento e indicadores asociados) considera a este proceso (MAN) como el único de nivel uno dentro de la familia de gestión:
UNE-EN_17007%253D2018-1785067975950.png%3Falt%3Dmedia%26token%3D46a15c0d-49e3-4439-bbea-7aa425a5217a&w=1920&q=75)
Dentro del mapa general del mantenimiento, este proceso forma parte de la familia de realización, junto con el proceso encargado de restaurar los elementos a su condición requerida, el que ejecuta materialmente las acciones y el que se encarga de mejorar los ítems cuando corregir o prevenir deja de ser la opción más conveniente.

Los cuatro comparten un mismo objetivo final, sostener la disponibilidad y la confiabilidad de los activos con el menor costo posible, pero cada uno lo persigue desde un ángulo distinto. Este artículo se centra en la prevención y en su relación directa con la ejecución que viene después.
El mantenimiento no puede prevenir lo que no tiene presente, al menos si no es considerado previamente. Esa es la premisa detrás de todo el proceso, y explica por qué buena parte del trabajo de prevención consiste en anticipación deliberada, elaborar listas de eventos posibles, rastrear causas, y decidir con criterio cuáles de esos eventos merecen atención inmediata y cuáles pueden esperar. Un mantenimiento exitoso no es el que resuelve bien las pocas cosas que la rutina mantiene visibles, es el que logra tener presente cada elemento que podría fallar, incluyendo lo que rara vez llama la atención por costumbre.
El proceso se ejecuta en dos grandes movimientos, identificar los eventos no deseados y aplicar o actualizar los planes de mantenimiento que responden a esos eventos. El primero de estos nos exige construir un inventario detallado de lo que podría fallar y de por qué, el segundo convierte ese inventario en acciones concretas con un nivel de especificación suficiente para que alguien más las ejecute sin ambigüedad.
El resultado de todo ese trabajo es el establecimiento de qué hay que hacer, todavía un paso antes de la ejecución misma. Ese producto, con un nivel de especificación suficiente para que cualquiera pueda entender su alcance, pasa después al proceso que efectivamente pone las manos sobre el activo.
La arquitectura de niveles (uno y dos) los procesos de prevención en el mantenimiento
Para poder comprender el alcance real de la prevención, es indispensable ubicarla dentro de la estructura sistemática que propone la norma UNE-EN 17007, la cual organiza la gestión técnica mediante un modelo desglosado en niveles jerárquicos.
El Nivel 1 establece el mapa general al clasificar todas las actividades de la organización en tres grandes familias de procesos interconectados, la familia de gestión encargada de la política y estrategia, la familia de realización que agrupa los procesos con impacto directo sobre el estado del activo, y la familia de soporte que garantiza la provisión de recursos humanos, financieros, materiales y de información.

El Nivel 2 lleva esta estructura a una escala de detalle operativo al desagregar cada proceso de Nivel 1 en sus actividades clave, formalizando las entradas, las salidas y las interfaces de intercambio de datos entre procesos. Dentro de este marco, la prevención opera como un proceso de Nivel 2 dentro de la familia de realización. Su funcionamiento se articula en dos bloques elementales, la caracterización de los sucesos no deseados para identificar modos y cadenas causales de falla, y el uso o actualización sistemática de los planes de mantenimiento. Esta descomposición asegura que el conocimiento analítico se transforme en información estructurada de trabajo, lista para alimentar al resto de los procesos del sistema.

¿Qué busca identificar el proceso de prevención antes de que ocurra una falla?
La primera actividad recibe información de varias fuentes a la vez, documentación técnica del fabricante, la dirección y decisiones que vienen del proceso de gestión, documentación general de la organización y el historial del propio ítem. Con eso construye un inventario de eventos indeseables que pasa por siete tareas concretas:
-1785012344836.png%3Falt%3Dmedia%26token%3Dfea202e4-9017-45af-9a0d-3cc20b5a7768&w=3840&q=75)
Elaborar una lista de eventos probados o potenciales cuyas consecuencias hayan sido, o puedan llegar a ser, significativas.
Determinar las causas primarias y la cadena completa de causas o modos de falla, probados o potenciales, que conducen a esos eventos.
Determinar los efectos de las causas o modos de falla ya identificados.
Consolidar los daños o degradaciones que hayan dado lugar a una acción de reparación correctiva o a una restauración preventiva.
Determinar si el evento, o los modos de falla que lo provocan, resultan aparentes u ocultos para quien opera el elemento.
Priorizar los eventos en función de sus efectos y de su ocurrencia.
Elegir los métodos que se van a utilizar para detectar modos de falla y causas ocultas.
El producto de esas siete tareas es un inventario de eventos indeseables junto con sus causas, sus efectos, su criticidad y su ocurrencia.
La segunda actividad toma ese inventario, junto con los planes iniciales de mantenimiento ya existentes, y produce tres salidas distintas:
Mejoras requeridas sobre el propio ítem
Procedimientos operacionales que necesitan ajuste
Mejoras concretas sobre los planes de mantenimiento preventivo que alimentan directamente al proceso de ejecución.
¿Cómo se diferencia un daño de una falla dentro de la prevención?
Aquí está uno de los puntos más finos de todo el proceso, y conviene explicarlo con cuidado porque el idioma técnico del mantenimiento arrastra una confusión que es comúnmente heredada del inglés.
Un ítem puede no haber llegado todavía a un estado fallado y, aun así, estar en una condición defectuosa, con un nivel de daño medible, fuera de su condición original, producto de un mecanismo de deterioro que avanza con el paso del tiempo.
Fallar, en el sentido de quedar fallado, describe un instante puntual, el momento exacto en el que el ítem deja de cumplir su función. Pero la condición que lo lleva hasta ahí se desarrolla como un proceso continuo de deterioro, capaz de extenderse durante un tiempo considerable antes de llegar a ese punto.
Esa evolución de deterioro es justamente lo que ilustra la curva conocida como P-F, donde la primera letra marca el momento en que el deterioro se vuelve potencialmente detectable, y la segunda marca la evolución hacia el punto de falla.

Detectar y actuar sobre esa evolución mientras todavía hay margen de maniobra es, en esencia, lo que hace la prevención.
Dejar que esa evolución avance sin ser detectada es lo que convierte una condición manejable en un evento imprevisto.
Actuar de manera oportuna dentro de esa ventana significa decidir, con la información disponible, si conviene una restauración preventiva inmediata, si el deterioro admite seguir vigilándolo un tiempo más, o si el daño ya es lo bastante severo como para requerir una reparación de tipo correctivo.
Ninguna de esas tres decisiones es automática, pues todas dependen de haber clasificado bien la condición del ítem antes de decidir qué camino tomar, que es exactamente lo que las siete tareas de identificación de eventos buscan resolver.
¿Por qué detectar defectos importa más que contar inspecciones?
Una pregunta que cualquier organización de mantenimiento debería plantearse es: ¿cuántos defectos ha logrado detectar realmente, y no cuántas inspecciones ha realizado?
Es evidente que son dos indicadores diferentes y que uno de ellos es mucho más débil que el otro.
Reportar el volumen de inspecciones realizadas dice poco sobre el valor generado, mientras que reportar cuántos daños o defectos se identificaron a través de esos trabajos sí refleja si la actividad de prevención está cumpliendo su propósito.
Un equipo puede completar todas las rondas de inspección programadas en un mes y aun así no haber generado ningún hallazgo de valor, mientras que otro con menos rondas pero mejor criterio de búsqueda puede haber detectado varios defectos que evitaron un evento mayor. La diferencia entre ambos escenarios no la explica la cantidad de trabajo ejecutado, la explica la calidad del criterio con el que se buscó.
Por lo tanto, la necesidad de tener presente todo el panorama posible de eventos, no solo los habituales, tiene un paralelo útil fuera del mundo industrial. Como el caso de un piloto de avión, que debe atender un tablero con una cantidad considerable de instrumentos, y aunque en la práctica termine prestando más atención a unos que a otros, necesita tener consciencia de todos ellos antes de decidir en cuáles concentrarse.
La gestión de mantenimiento funciona de forma parecida, primero se construye el panorama completo de lo que podría fallar, y solo después se prioriza con criterio qué merece más atención, en lugar de operar únicamente con lo que la costumbre mantiene a la vista.
¿Cómo el nivel de detalle de la prevención condiciona la ejecución posterior?
Todas las notas técnicas, avisos y alcances que produce la segunda actividad de este proceso deben cumplir con un nivel de especificación y de atributos que le permitan a quien va a ejecutar después reconocer con claridad qué tiene que hacer.
Ese establecimiento de acciones es sistemático, y cada nota técnica y avisos responden a un estándar que busca que el alcance quede delineado sin ambigüedad.
Cuando ese producto sale incompleto o mal especificado, el proceso que lo recibe hereda esa carencia y necesita mucho más trabajo para poder interpretarlo y ejecutarlo. Vale la pena detenerse en esta idea porque tiene una aplicación más amplia que la prevención en sí misma, cuando un eslabón de cualquier cadena de trabajo parece lento o ineficiente, la pregunta útil va más allá de cuál eslabón se ve peor y busca entender por qué se ve así. En muchos casos ese eslabón está absorbiendo una carga o una información incompleta que le llegó del proceso anterior, y buena parte de la responsabilidad del retraso pertenece a quien entregó ese trabajo a medias, no únicamente a quien lo recibió y tuvo que completarlo sobre la marcha.
Cursos recomendados


%252FImagen%252FFoto-curso-Mantenimientoy-Gestion-de-Activos-1735839649142.webp%3Falt%3Dmedia%26token%3D31a2202f-01b4-409f-a0b2-5e0fbdd49ca3&w=3840&q=75)





Qué ocurre después de la prevención, dentro de la implementación y la mejora
Las mejoras que produce la prevención sobre los planes de mantenimiento preventivo (PRV) alimentan de forma directa al proceso de implementación, denominado ACT (Intervenir sobre el elemento mediante acciones preventivas y/o correctivas), el cual es el encargado de poner en marcha lo que la prevención decidió que había que hacer.
Este proceso recibe restricciones de tiempo, el efecto indeseado detectado por quien opera el activo, el diagnóstico de fallas (COR), la documentación técnica del fabricante, la historia del ítem y los análisis de riesgo (HSE), organizándose en siete pasos concretos que estructuran la ejecución en campo:

Jerarquizar los eventos (ACT.1): Consiste en evaluar y priorizar las acciones necesarias, produciendo un plan de tiempo preliminar sobre el cual trabajar.
Preparar las tareas (ACT.2): Constituye el núcleo técnico del proceso, dejando listo el procedimiento adecuado junto con la orden de trabajo, el alcance, el análisis de riesgos y la especificación de los recursos que va a requerir (repuestos, herramientas y personal).
Ordenar las tareas (ACT.3): Consiste en organizar la secuencia lógica de las intervenciones, estableciendo el orden exacto en el que se van a ejecutar.
Programar las tareas (ACT.4): Se encarga de fijar fechas y tiempos concretos, considerando las restricciones de recursos, del personal y las ventanas operativas que existan.
Iniciar las tareas programadas (ACT.5): Designa formalmente al personal cualificado interno o externo y autoriza el arranque del trabajo, con la posibilidad de regresar a un paso anterior si aparece alguna desviación relevante.
Realizar las tareas (ACT.6): Ejecuta la intervención técnica en el equipo bajo condiciones seguras, dejando el ítem en condición funcional calificada al final del trabajo.
Terminar las tareas (ACT.7): Cierra el ciclo operativo, registrando el informe de mantenimiento en el sistema de datos (DTA), devolviendo herramientas y repuestos liberados, y cerrando con la notificación de entrega a quien opera el equipo.
Por qué la preparación en ACT.2 define la calidad de la ejecución
Visto desde la práctica en planta, da exactamente lo mismo si una orden de trabajo nació de un plan preventivo en PRV o de un diagnóstico correctivo en COR.
En cualquiera de los dos caminos, el punto clave donde se asegura el éxito de la intervención se encuentra en la fase de preparación de tareas (ACT.2).
Cuando la prevención (PRV.2) entrega planes de mantenimiento bien detallados, con procedimientos claros, tolerancias definidas y recursos identificados, el subproceso ACT.2 arma la orden de trabajo sin vacíos de información ni dudas técnicas. De este modo se elimina la improvisación durante la ejecución del trabajo en campo (ACT.6), se reducen los tiempos de parada del activo y se garantiza que la intervención se realice con total seguridad y rigor profesional.
El proceso de restauración COR y su coincidencia con la prevención
De acuerdo con el marco estándar de la norma UNE-EN 17007, el proceso de restauración, denominado bajo el código COR (Devolver los elementos al estado requerido), conforma el proceso encargado de gestionar el mantenimiento correctivo y la restitución funcional del activo. A diferencia de la prevención (PRV), cuya meta es caracterizar sucesos no deseados antes de su ocurrencia, el proceso COR se activa ante la presencia de un evento o efecto indeseado ya detectado por el usuario o por los sistemas de monitoreo.
El proceso COR se articula formalmente en dos grandes subprocesos técnicos:
Clasificar los sucesos acaecidos (COR.1): Consiste en reunir y jerarquizar las fallas o eventos manifestados en el corto y mediano plazo en función de su severidad, impacto operacional y restricciones de recursos, generando un calendario provisional de intervenciones correctivas.
Diagnosticar el estado del elemento en cuestión (COR.2): Es la fase analítica dedicada a detectar y localizar la avería, examinar la repetitividad del fallo para descartar diagnósticos previos erróneos y determinar la causa raíz mediante el establecimiento de la cadena causal.
Este diagnóstico no solo genera la salida hacia la preparación del trabajo correctivo, sino que emite recomendaciones clave para la mejora de procedimientos operacionales y la modificación técnica del equipo (enviando datos directamente hacia la optimización en OPT.3).
Ambos procesos, PRV y COR, comparten su destino directo al confluir hacia un subproceso común dentro del mapa de realización:

El proceso de mejora IMP y su secuencia de desarrollo
Existe un cuarto proceso en la familia de realización dedicado a modificar o rediseñar los activos, denominado IMP (Mejorar los elementos).
Este entra en juego cuando rediseñar el equipo o cambiar sus características resulta técnica y económicamente más conveniente que seguir corrigiendo o previniendo sobre su condición actual.

El proceso de mejora recibe objetivos estratégicos desde la gestión (MAN.1), datos procesados del historial del equipo (DTA.10), solicitudes de mejora desde la optimización (OPT.3) y el presupuesto asignado (MAN.4), organizándose en una secuencia de diez pasos interconectados:
Capturar los datos disponibles (IMP.1): Recopila y analiza la información requerida sobre el desempeño del activo, sus fallas recurrentes y su entorno operativo.
Definir requisitos de confiabilidad, mantenibilidad, seguridad y apoyo logístico (IMP.2): Evalúa y asigna las metas técnicas que la modificación debe cumplir obligatoriamente para garantizar su efectividad.
Establecer especificaciones para la mejora del ítem (IMP.3): Traduce las metas en un pliego de condiciones técnicas concretas que sirva de guía para el diseño.
Convocar a licitación (IMP.4): Emite la solicitud de ofertas a proveedores internos o externos y genera recomendaciones para los procesos de inversión.
Gestionar análisis y decisiones de opciones y validar la solución (IMP.5): Evalúa las propuestas recibidas junto con el presupuesto asignado, seleccionando la opción que optimice el costo del ciclo de vida.
Ejecutar la mejora (IMP.6): Realiza la modificación física, rediseño o instalación sobre el equipo en campo.
Verificar conformidad de requisitos (IMP.7): Comprueba que la mejora cumpla con los niveles esperados de confiabilidad y seguridad, emitiendo registros y avisos de conformidad para la gestión (MAN.5) y la documentación (DOC.3).
Establecer el plan de mantenimiento inicial (IMP.8): Diseña la estrategia de mantenimiento preventivo que acompañará al equipo modificado, enviando esta información directamente al proceso de prevención (PRV.2).
Determinar recursos logísticos iniciales (IMP.9): Identifica y registra los repuestos necesarios (SPP.1) y las herramientas requeridas (TOL.1) para sostener la mejora en el tiempo.
Identificar necesidades de capacitación (IMP.10): Define los nuevos requerimientos de competencias que el personal de operación y mantenimiento necesitará adquirir (
MAN.3).
La conexión entre la mejora y la prevención futura
La verdadera potencia del proceso IMP se concentra en su capacidad para cerrar el ciclo de gestión de activos. Una mejora no termina cuando se instala el rediseño físico. El producto final más valioso de IMP es el plan de mantenimiento inicial (IMP.8), el cual se transfiere de inmediato al subproceso de prevención (PRV.2).
De este modo, la prevención no tiene que adivinar cómo cuidar el equipo recién modificado, recibe desde el primer día un plan estructurado, con repuestos garantizados (SPP.1) y personal capacitado (MAN.3), evitando que una mejora técnica se degrade rápidamente por falta de una estrategia preventiva adecuada.
La interconexión entre los cuatro procesos de realización
Los cuatro procesos de la familia de realización; prevención (PRV), restauración (COR), implementación (ACT) y mejora (IMP) funcionan específicamente cuando se pasan trabajo unos a otros de forma constante, y la calidad de lo que cada uno entrega condiciona directamente lo que el siguiente puede lograr.

Un plan de mantenimiento inicial mal definido en la mejora se convierte en un problema de prevención más adelante, del mismo modo que una prevención mal especificada se convierte en un problema de implementación. Ese encadenamiento es, en última instancia, la razón por la que ninguno de los cuatro procesos puede evaluarse por separado del resto, aunque cada uno tenga su propia actividad y su propio criterio técnico.
Conclusión
La prevención, vista de cerca, funciona como la disciplina de mantener presente todo lo que podría fallar y convertir esa vigilancia en acciones con el nivel de detalle suficiente para que alguien más las pueda ejecutar sin adivinar.
Esa disciplina distingue a un mantenimiento que se anticipa a los fallos de uno que va reaccionando cuando el daño ya se hizo visible. Esta diferencia entre ambos no se nota en un mes ni en dos, se nota en la frecuencia con la que aparecen eventos que nadie vio venir.
En la práctica, esto cambia la manera de medir el éxito de un programa de prevención. El indicador que importa mide cuánto se logró detectar antes de que se convirtiera en un problema mayor y qué tan claro quedó el trabajo que hay que hacer para quien lo recibe después, no cuánta actividad se generó en el proceso.
Cuidar el nivel de especificación de lo que la prevención entrega es, en el fondo, cuidar el desempeño de todo el sistema que viene detrás, porque ningún proceso de ejecución puede compensar del todo lo que llegó incompleto desde el origen. Ese cuidado no depende de más presupuesto ni de más personal, depende de un criterio claro sobre qué información hace falta registrar y con qué nivel de detalle, antes de pasarla a la siguiente parte de la cadena.
Dinos qué te ha parecido el artículo
Artículos recomendados
Actividades clave del proceso de gestión de mantenimiento según UNE 17007

El proceso general del mantenimiento según UNE-EN 17007

¿Qué papel cumplen los procesos de soporte del mantenimiento

SAP PM un Lenguaje Universal para la Gestión del Mantenimiento

Gestión del Mantenimiento a Generadores eléctricos aplicando el método de Mantenimiento Basado en la condición

El mantenimiento del sistema de gestión del mantenimiento

Publica tu artículo en la revista #1 de Mantenimiento Industrial
Publicar un artículo en la revista es gratis, no tiene costo.
Solo debes asegurarte que no sea un artículo comercial.
¿Qué esperas?
O envía tu artículo directo: articulos@predictiva21.com
