Vacas sagradas y abejas asesinas: el desafío de comportamientos destructivos en la empresa 

Vacas sagradas

Entre los miembros de su equipo, especialmente si la empresa ya tiene algunos años de funcionamiento, puede tener una vaca sagrada. Si el número de asociados es grande, es posible que tenga más de una. Las vacas sagradas son personas que pueden (y generalmente lo hacen) destruir la moral y causar la partida de buenos empleados. Son venenosos para el entorno de su equipo. Y a menudo se disfrazan engañosamente de empleados de confianza y aparentemente indispensables.

Una vaca sagrada no nace así. Él o ella es alguien creado por un conjunto particular de acciones y circunstancias en la empresa. Comienza siendo empleados brillantes y competentes que se convierten en soporte indispensable de un directivo importante de la empresa. Poco a poco, el desempeño, el logro de resultados y el reconocimiento que ese directivo recibe, dependen cada vez más de los servicios de ese empleado. 

Por supuesto, el directivo hace todo lo posible para comunicarle al empleado lo importante que es. Y el reconocimiento, claro, es una buena práctica. Pero cuando el empleado es una persona inmadura profesional o personalmente, y con autoestima débil, se convierte en un problema. 

Gradualmente, el empleado comienza a encontrar formas de probar su importancia desafiando las reglas de la oficina o buscando excepciones a ellas. O quizás sus demandas de compensación se vuelven poco realistas. O, su trato a personas dentro de su equipo se vuelve escasamente colaborativo. Hay que rogarle que haga las cosas. Y apoyo poco las ideas de los demás, incluido de los jefes que no le gustan. A veces, terminan tratando con poca empatía a sus propio equipo y a sus clientes y proveedores internos (e incluso externos). Se convierten, pues, en “divas” o “vacas sagradas”.

Cualesquiera que sean las tácticas utilizadas, estas personas buscan la validación permanente de su importancia. Desarrollan la necesidad de demostrar a todos los que los rodean que son especiales y que las reglas no se aplican a ellos. Y fiel a su estilo y presa del miedo de que la persona se vaya o deje de ayudarle, el directivo viene continuamente al rescate del empleado para mantenerlo feliz. Así, se perpetúa la vaca sagrada.

Si la vaca sagrada tiene un gerente o jefe, el trabajo de esa persona se vuelve cada vez más difícil. Primero, las acciones del directivo generalmente socavan la autoridad de dicho gerente o jefe, cuyo trabajo es vigilar a todos los empleados y asegurarse de que las reglas de la oficina y la compensación se apliquen de manera uniforme y justa. El resto del equipo empieza a considerar que ese gerente es ineficaz, lo que hace aún más difícil que gestione correctamente a su área. La efectividad y la moral del gerente sufren. Pero aún más peligroso es el impacto en la moral de los demás miembros del equipo.

Cuando el personal ve que las reglas no se aplican de manera uniforme y justa, se sienten decepcionados y subestimados. También se promueve la desconfianza y el resentimiento hacia la empresa. Cualquier posibilidad de desarrollar una atmósfera de equipo sólida se evapora en el ambiente venenoso resultante (y no hay que subestimar la importancia de tener un entorno de equipo funcional como fundamento para poder brindar un buen servicio a los clientes internos y externos).

Los empleados que trabajan para otros directivos clave también comenzarán a competir por un trato especial. Esto coloca a esos directivos en un dilema incómodo: hacer lo correcto para la empresa o hacer lo que alivie la presión que tienen de su equipo al ver los privilegios de las vacas sagradas. Si los directivos optan por aliviar la presión, crean nuevas vacas sagradas. Se convierte en una situación injusta y sin salida para los demás. Se desarrolla fricción entre áreas. El trabajo en equipo y la comunicación entre directivos se deteriora. Tarde o temprano, la empresa sufrirá consecuencias severas y reales de crear o tolerar una o más vacas sagradas. La gestión del personal se vuelve caótica. Las reglas ya no se aplican o su aplicación se vuelve prácticamente imposible. 

¿Cómo puede la empresa disciplinar a un empleado por llegar tarde, por ejemplo, cuando uno o más otros parecen tener sus propios horarios, de acuerdo con lo que mejor les parezca? Los directivos para quienes trabajan las vacas sagradas suelen negarse a ver el problema, pero el grupo gerencial y el área de Recursos Humanos lo sabe muy bien. 

Mientras tanto, a medida que aumentan las desigualdades en la gestión y la disciplina, la empresa suele experimentar un aumento en la rotación de personal. Especialmente en los gerentes nuevos y empleados de reciente ingreso. ¿Por qué? Sin un personal confiable y estable que los apoye, los gerentes tienen cada vez mayores dificultades al tratar de mantener un alto nivel de productividad en condiciones adversas. Algunos también comienzan a desconfiar de la empresa de una empresa que no puede retener a su personal.

¿Qué se debe hacer con la vaca sagrada?

Primero y por sobre todo, evite crear vacas sagradas de hoy en adelante. Eso significa que todos los directivos se comprometen a transmitir constantemente el mensaje de que todos los miembros de su personal -incluidos ellos mismos- tienen que ser congruentes, y vivir los valores y las reglas establecidas, sin excepciones a la regla. Significa que todos los directivos enseñarán a sus equipos el respeto y apoyo a su gerente, y que se exigirá a los jefes y supervisores que no generen un trato desigual e injusto. Significa también que la empresa debe tener un manual de políticas y reglas claras que todos deben seguir, que incluya consecuencias y que se apliquen de manera pareja.

Cuando ya se ha creado una vaca sagrada, se requiere la total cooperación del directivo clave para cambiar la situación. El directivo debe transmitir que su visión de un miembro de equipo exitoso es uno que no solo el capaz y trabaja de manera efectiva, sino que también actúa como un modelo a seguir para los demás. 

Si el directivo ha estado socavando al gerente del área en cuestión, en un intento excesivo de proteger al empleado, él o ella debe trabajar para restaurar la autoridad de esa persona. Por lo general, esto significa advertir al empleado que el gerente está haciendo su trabajo y que el directivo ya no interferirá en esa área. Y si ese cambio en el mensaje y el comportamiento no produce el cambio deseado en un período de tiempo razonable, el directivo puede tener que considerar en cambiar a la persona que se comporta como vaca sagrada, incluso si es temporalmente doloroso o inconveniente para la operación del negocio, puede ser el único camino para restaurar la paz y trabajo en equipo en el entorno de la empresa.

Abejas asesinas: Personas problemáticas recién contratadas

Las abejas asesinas se diferencian de las vacas sagradas en muchos aspectos. Primero, generalmente no se fabrican; la mayoría ya son abejas asesinas cuando son contratadas. Si bien en ocasiones un empleado relativamente normal puede amargarse en la empresa y convertirse en una abeja asesina, la mayoría de las veces la persona llega a la empresa equipada con su actitud negativa.

Una abeja asesina es alguien que nunca está satisfecho con la empresa. Estos individuos son abiertamente críticos de casi cualquier cosa que la empresa haga. También son extremadamente rápidos en hacer comparaciones con otras empresas. El principal problema con las abejas asesinas es que simplemente no hay forma de satisfacerlas. Siempre encontrarán abiertamente fallas en la empresa y tratarán de convencer a otros empleados para que apoyen sus críticas. Si la empresa intenta satisfacerlos, nunca será suficiente.

Si la empresa trata de silenciarlos, los otros empleados lo interpretan como una validación de las quejas de la abeja asesina. Con frecuencia, el resultado es que otros miembros del personal comienzan a pensar que realmente hay deficiencias en la empresa. Se sienten cada vez más insatisfechos y, a veces, incluso abandonan la empresa como resultado.

La mejor manera de lidiar con una abeja asesina es ser directo. Escuche lo que tiene que decir. Si hay mérito en la crítica, que a veces es el caso, haga correcciones de rumbo que sean fácilmente evidentes para el personal o incluso comuníquelas. Trate de resaltar las características positivas de la empresa para la abeja asesina y para cualquiera que esté siguiendo su ejemplo, y ayúdelos a comprender que todas las empresas tienen aspectos positivos y negativos. La realidad es que no existe una empresa perfecta.

Sin embargo, cuando la abeja asesina se niega a ser razonable, la empresa debe ser aún más directa. Termine la discusión por parte de la empresa, en lugar de dejarla abierta a un debate continuo. Por lo general, la abeja asesina no cambiará, por lo que la empresa debe tomar decisiones firmes. Cuando un empleado indica con frecuencia que está descontento en el entorno actual, una discusión directa y franca sobre eso y cómo eso perjudica a todos en el equipo, a menudo producirá una salida voluntaria de la abeja asesina. ¡Buen viaje! 

De lo contrario, es posible que la empresa tenga que acabar con la abeja asesina. La capacidad y rapidez para hacerlo dependerá de si la posición de la abeja asesina es compartida por otros empleados o -por el contrario- si la abeja asesina se encuentra en un estado constante de insatisfacción que los demás no comparten.

De por si, mantener una atmósfera de trabajo en equipo y alto espíritu de cuerpo no es fácil en una empresa que emplea a personas que son muy inteligentes y que exigen excelencia en el desempeño en sí mismas y en los demás. Por lo tanto, no hay que hacerlo todavía más difícil creando o tolerando vacas sagradas o permitiendo que las abejas asesinas envenenen la atmósfera. 

Apóyese en el área de Recursos Humanos y apoye a los niveles gerenciales que están queriendo resolver estas situaciones, que no son fáciles. Hay que enfrentarlas, con paciencia y entereza se terminarán solucionando. Y tendrá menos dolores de cabeza, mayor rentabilidad y bienestar para todos a largo plazo.

Autor

Coach Lic. Pepe Villacís, MBA. –  ActionCOACH 

josevillacis@actioncoach.com – www.coachpepevillacis.com   

Cel.+52 (442) 263 3009

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