Los indicadores RAMS agrupan cuatro atributos técnicos de un equipo o sistema industrial, la confiabilidad, la disponibilidad, la mantenibilidad y la seguridad, cuantificados a partir de los tiempos que ese equipo pasa operando, en mantenimiento o restaurándose después de una falla. Dentro de la gestión de activos, cada letra de la sigla describe una faceta distinta del mismo comportamiento físico de los activos.
Este conjunto de indicadores concentra el interés de perfiles muy distintos dentro de una organización industrial. Al ingeniero de confiabilidad le permite diagnosticar el comportamiento técnico de sus activos, al planificador de mantenimiento le da una base objetiva para decidir intervenciones, y a la dirección de la empresa le traduce ese comportamiento en cifras que sí entiende, disponibilidad de producción, costo y retorno de inversión. Ningún nivel de la organización queda fuera del alcance de estos datos.
La obtención de los indicadores RAMS parte de un registro sistemático de tiempos de falla, tiempos de mantenimiento y tiempos de restauración capturados directamente en planta. Con esa información se calculan parámetros como los de la disponibilidad inherente y operacional, y esas cifras alimentan a su vez indicadores de calidad efectiva de producción. El estándar ISO 20815, que rige el aseguramiento de la producción en la industria de hidrocarburos, ilustra este flujo mediante un esquema donde los datos de confiabilidad y mantenibilidad recopilados en campo se transforman progresivamente en indicadores de producción y, finalmente, en indicadores económicos corporativos.
Estándar ISO 20815; Petroleum, petrochemical and natural gas industries - Production assurance and reliability management. Fuente: propia
Lograr comprender esta cadena tiene un efecto directo sobre la rentabilidad, porque conecta el comportamiento físico de los equipos con el valor presente neto y la tasa interna de retorno que revisa la junta directiva. Ese vínculo, es difícil de ignorar, porque deja a la ingeniería de confiabilidad hablando en idiomas distintos al de las finanzas de la empresa, algo que ninguna organización que gestiona activos críticos puede permitirse durante mucho tiempo.
¿Qué miden los atributos de desempeño y seguridad — RAMS?
Antes de seguir el recorrido de un dato conviene fijar qué mide cada componente de RAMS, porque en la práctica diaria suelen mencionarse juntos sin distinguir con precisión a qué pregunta responde cada uno.
Confiabilidad mide la probabilidad de que un activo cumpla la función requerida durante un intervalo de tiempo determinado, bajo condiciones específicas de operación. Es una función que por naturaleza decrece con el tiempo, un equipo nuevo tiene mayor probabilidad de sobrevivir sin fallar que otro mismo equipo tras varios años de uso continuo.
Mantenibilidad mide la probabilidad de que, una vez que el activo falla, pueda restaurarse a su condición operativa dentro de un tiempo dado. Depende tanto del diseño físico del equipo, que puede facilitar o dificultar el acceso a sus componentes internos, como de la organización de mantenimiento encargada de repararlo.
Disponibilidad combina las dos anteriores y mide la probabilidad de que el activo se encuentre en condición de operar en un instante cualquiera. Un equipo puede ser poco confiable pero muy mantenible, y aun así lograr una disponibilidad aceptable si sus reparaciones son rápidas y frecuentes.
Seguridad, la letra que distingue a RAMS de su versión más simplificada RAM, mide la probabilidad de que los sistemas de protección respondan correctamente cuando se les exige actuar, evitando que una falla técnica se convierta en un incidente que afecte a las personas o al ambiente.
Estas cuatro dimensiones rara vez actúan de manera independiente en un equipo real, ya que están interconectadas. Por ejemplo, mejorar la mantenibilidad de un activo con un diseño más accesible puede compensar una confiabilidad moderada y aun así ofrecer una disponibilidad competitiva frente a equipos técnicamente más robustos pero más difíciles de reparar.
Sus relaciones mátematicas se expresan de la siguiente manera, según el libro de Distribuciones de Probabilidad, usadas en Ingeniería de Confiabilidad, por el Centro de Riesgo y Confiabilidad de la Universidad de Maryland (O’Connor, Modarres & Mosleh, 2016).
Resumen de las relaciones entre las funciones importantes de confiabilidad - Probability Distributions Used in Reliability Engineering - Fuente Maryland University
Recorrido de los datos desde el equipo hasta el resultado financiero
Cuando un técnico registra el tiempo que un compresor estuvo detenido o el momento exacto en que un sensor dejó de responder, ese dato entra a un flujo de transformación con destino muy concreto. El esquema de la ISO 20815. (2018) describe este recorrido en cuatro etapas sucesivas, y comprenderlo evita tratar los indicadores RAMS como cifras aisladas de reporte mensual.
El Recorrido de los Indicadores RAM, y su relación con la gestión de activos. Adaptado desde ISO 20815; Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
La primera etapa corresponde a los datos de confiabilidad y mantenibilidad capturados en campo, principalmente el tiempo hasta la falla (TTF, por sus siglas en inglés), el tiempo hasta el mantenimiento (TTM) y el tiempo de reparación (TTR).
La segunda, procesa esos tiempos para obtener indicadores de disponibilidad, tanto la inherente (Ai) como la operacional (Ao), que reflejan qué proporción del tiempo total el activo estuvo realmente en capacidad de cumplir su función.
En la tercera esa disponibilidad se traduce en indicadores de producción, incluida la calidad de la producción efectiva (Qefec), y solo en la cuarta etapa el resultado llega a los indicadores económicos, entre ellos el valor presente neto, la tasa interna de retorno y el estado de ingresos de la corporación.
Cada etapa depende por completo de la calidad de la anterior; porque cuando ocurre un registro de tiempo de falla mal capturado se distorsiona el cálculo de los atributos, como la disponibilidad, y al estar mal estimada, el error puede arrastrar hasta el indicador financiero final. Por esa razón, ningún análisis económico serio de un activo industrial puede construirse sin antes garantizar la integridad del dato de campo del cual parte.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
No toda disponibilidad se calcula de la misma manera, y confundir ambas versiones lleva a decisiones equivocadas sobre dónde invertir el esfuerzo de mejora.
Disponibilidad inherente(Di) considera únicamente el tiempo de operación y el tiempo de reparación activa del equipo, es decir, el comportamiento que depende exclusivamente del diseño físico del activo y de la habilidad técnica de quien lo repara.
Disponibilidad operacional(Do), en cambio, incorpora también los tiempos que rodean la reparación, la espera por personal, la movilización de repuestos desde el almacén y cualquier demora logística asociada. Dos equipos idénticos en diseño pueden mostrar disponibilidades operacionales muy distintas si uno cuenta con un sistema de repuestos ágil y el otro no, aunque su disponibilidad inherente sea prácticamente igual.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
Esta diferencia nos explica por qué mejorar exclusivamente el diseño de un equipo no siempre resuelve un problema de disponibilidad que en realidad nace en la cadena logística de mantenimiento.
Sobre las abreviaturas, en ingles sus equivalentes son; 1. TPPF = MTTF, 2. TPPR = MTTR y 3. TMP = se escribe igual.
Marco normativo sobre los KPIs RAM
La recolección y el intercambio de datos de confiabilidad y mantenibilidad se normalizaron en un principio gracias a la industria de hidrocarburos lo que la llevo posteriormente a sectores afines, quedando definidos por excelencia bajo un conjunto de estándares internacionales que se complementan entre sí, como con la ISO 14224; que fija cómo debe registrarse un evento de falla o una intervención de mantenimiento para que sea comparable entre plantas distintas, aun cuando pertenezcan a operadores diferentes.
Marco normativo sobre los KPIs RAM. Adaptado de ISO 20815; Curso RAM - Enrique Gonzales
A partir de esa base de datos homologada se despliegan tres líneas de análisis con marcos normativos propios:
Análisis de disponibilidad de equipos y sistemas, sustentado en la ISO/TR 12489, que modela el comportamiento probabilístico de sistemas de seguridad y protección, estimando la probabilidad de que una función de protección falle cuando se le exige actuar.
Análisis de producción o capacidad efectiva, sustentado en la ISO 20815, que evalúa cómo la disponibilidad técnica se traduce en volumen de producción realmente entregado frente al volumen planificado.
Análisis de costos en el ciclo de vida, sustentado en la ISO 15663, complementada por la ISO 19008 para la codificación estandarizada de costos en instalaciones de producción de petróleo y gas.
Cada una responde una pregunta distinta sobre el mismo activo: la disponibilidad de sistemas de seguridad protege la integridad física de la instalación y de las personas que trabajan en ella, la disponibilidad de producción protege el volumen que la planta entrega a sus clientes, y el costo de ciclo de vida protege la decisión de inversión detrás de cada equipo.
El análisis de costos en el ciclo de vida suele organizarse alrededor de tres grandes bloques de gasto que compiten entre sí; en primer lugar destaca la inversión inicial requerida para adquirir e instalar el activo, a lo que se suma el gasto operativo recurrente que exige mantenerlo funcionando y, finalmente, el costo de las pérdidas de producción cuando ese equipo falla de forma imprevista. Por consiguiente, una decisión de diseño que aumenta la inversión inicial, como escoger un material de mayor calidad o incorporar redundancia física, casi siempre se justifica cuando reduce de forma sustancial los otros dos bloques a lo largo de la vida útil del sistema.
Jerarquía de indicadores RAMS dentro de la gestión de activos
Los indicadores RAMS no se quedan en el nivel donde se generan. Se integran, en forma de cadena, con los indicadores clave de desempeño de niveles organizacionales superiores, y esa integración jerárquica es lo que permite a una empresa vincular sus metas estratégicas con el comportamiento técnico diario de sus equipos.
RAM y los KPIs asociados al logro de las metas corporativas. Fuente: Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
En el nivel operativo, la base de la estructura, los indicadores se asocian de forma directa a las características intrínsecas del diseño de los equipos, a su contexto operativo y a la efectividad de la gestión de mantenimiento que reciben. Aquí conviven varios indicadores complementarios:
Tiempo medio entre fallas y el tiempo medio para restaurar, que cuantifican la confiabilidad y la mantenibilidad del equipo individual.
Confiabilidad, disponibilidad y mantenibilidad propiamente dichas, calculadas a partir de esos tiempos.
Efectividad general de los equipos, conocida por sus siglas en inglés OEE, que combina disponibilidad, desempeño y calidad en un solo número.
Efectividad de los procesos de trabajo y la efectividad de los almacenes, que miden qué tan bien responde la organización de mantenimiento y de repuestos alrededor del equipo.
Subiendo un nivel, el nivel táctico traduce ese desempeño técnico en variables financieras de soporte. Aquí se ubican la efectividad de costos, que revisa el presupuesto de mantenimiento correctivo y preventivo, y la efectividad de capital, que evalúa el retorno de las inversiones destinadas a corregir fallas recurrentes mediante modificaciones físicas.
Finalmente, en el nivelestratégico, la organización mide su desempeño global mediante indicadores corporativos como el valor económico agregado, que cuantifica la riqueza generada por los activos por encima del costo del capital empleado.
El logro de las metas estratégicas del negocio requiere necesariamente la definición y el monitoreo constante de estos indicadores en los tres niveles, porque una meta corporativa sin indicadores operativos que la sostengan es una aspiración sin mecanismo de verificación. Cuando un activo crítico reduce su confiabilidad en el taller, ese deterioro técnico sube por la cadena hasta manifestarse en el costo de capital y, finalmente, en el valor económico agregado que revisa la alta dirección.
La dirección de esa cadena importa tanto como su existencia. La información técnica fluye hacia arriba, del taller a la dirección, mientras que las metas y los recursos fluyen hacia abajo, de la dirección al taller.
Una organización madura en la gestión de sus activos mantiene ambos flujos activos de forma simultánea, de modo que el personal técnico entiende el valor financiero de su trabajo diario y la alta dirección cuenta con evidencia técnica objetiva antes de aprobar o rechazar una inversión.
¿Qué cambia cuando una organización realiza sus mediciones con esta lógica?
Adoptar los indicadores RAMS como una práctica sistemática cambia la forma en que una organización industrial discute sus decisiones de mantenimiento. Todos los gerentes de plantas que pueden mostrar cómo el tiempo medio para restaurar (TPPR; MTTR) de un equipo específico afecta el valor económico agregado del negocio tiene un argumento distinto al de quien solo reporta horas de parada sin ese vínculo.
Esa capacidad de conversión, entre los datos técnicos al resultado financiero, es lo que convierte a la ingeniería de confiabilidad en un interlocutor con peso frente a la dirección de la empresa.
No debe de competir con las finanzas corporativas, les entrega el insumo que necesitan para decidir con fundamento técnico dónde invertir en redundancia, en calidad de repuestos o en frecuencia de mantenimiento preventivo.
La calidad del dato como una condición indispensable
Todo lo expuesto anteriormente depende de la calidad del dato de campo, ya que los indicadores RAMS no pueden ser calculados sobre registros incompletos, inconsistentes entre modos y causas de falla, o con un período de observación demasiado corto, lo que produce cifras que aparentan ser precisas sin ser realmente exactas.
La recolección de los datos exige, entonces, tres condiciones mínimas antes de que cualquier análisis probabilístico posterior tenga valor.
Tener registros completos asegura que ningun evento de falla quede fuera del historial del equipo.
Mantener la coherencia lógica entre el modo de falla observado y la causa raíz identificada previene a las contradicciones que un modelo matemático no podría resolver por sí solo.
Además, un período de observación con una población representativa evita que un solo caso atípico distorsione el promedio de toda una familia de equipos.
Por lo tanto, ninguna organización que realmente aspire a vincular sus indicadores técnicos con sus decisiones financieras puede saltarse esta etapa. Asimismo, es evidente que la sofisticación de un modelo probabilístico o de un análisis de ciclo de vida nunca compensa la debilidad del dato que lo alimenta, y esa es la razón por la que los programas serios de gestión de activos invierten tiempo considerable en estandarizar las formas en cómo se registra un evento de falla mucho antes de discutir qué modelo matemático aplicarán sobre esos registros.
Autor: Predictiva21La revista digital de Mantenimiento, Confiabilidad y Gestión de Activos.
Los indicadores RAMS agrupan cuatro atributos técnicos de un equipo o sistema industrial, la confiabilidad, la disponibilidad, la mantenibilidad y la seguridad, cuantificados a partir de los tiempos que ese equipo pasa operando, en mantenimiento o restaurándose después de una falla. Dentro de la gestión de activos, cada letra de la sigla describe una faceta distinta del mismo comportamiento físico de los activos.
Este conjunto de indicadores concentra el interés de perfiles muy distintos dentro de una organización industrial. Al ingeniero de confiabilidad le permite diagnosticar el comportamiento técnico de sus activos, al planificador de mantenimiento le da una base objetiva para decidir intervenciones, y a la dirección de la empresa le traduce ese comportamiento en cifras que sí entiende, disponibilidad de producción, costo y retorno de inversión. Ningún nivel de la organización queda fuera del alcance de estos datos.
La obtención de los indicadores RAMS parte de un registro sistemático de tiempos de falla, tiempos de mantenimiento y tiempos de restauración capturados directamente en planta. Con esa información se calculan parámetros como los de la disponibilidad inherente y operacional, y esas cifras alimentan a su vez indicadores de calidad efectiva de producción. El estándar ISO 20815, que rige el aseguramiento de la producción en la industria de hidrocarburos, ilustra este flujo mediante un esquema donde los datos de confiabilidad y mantenibilidad recopilados en campo se transforman progresivamente en indicadores de producción y, finalmente, en indicadores económicos corporativos.
Estándar ISO 20815; Petroleum, petrochemical and natural gas industries - Production assurance and reliability management. Fuente: propia
Lograr comprender esta cadena tiene un efecto directo sobre la rentabilidad, porque conecta el comportamiento físico de los equipos con el valor presente neto y la tasa interna de retorno que revisa la junta directiva. Ese vínculo, es difícil de ignorar, porque deja a la ingeniería de confiabilidad hablando en idiomas distintos al de las finanzas de la empresa, algo que ninguna organización que gestiona activos críticos puede permitirse durante mucho tiempo.
¿Qué miden los atributos de desempeño y seguridad — RAMS?
Antes de seguir el recorrido de un dato conviene fijar qué mide cada componente de RAMS, porque en la práctica diaria suelen mencionarse juntos sin distinguir con precisión a qué pregunta responde cada uno.
Confiabilidad mide la probabilidad de que un activo cumpla la función requerida durante un intervalo de tiempo determinado, bajo condiciones específicas de operación. Es una función que por naturaleza decrece con el tiempo, un equipo nuevo tiene mayor probabilidad de sobrevivir sin fallar que otro mismo equipo tras varios años de uso continuo.
Mantenibilidad mide la probabilidad de que, una vez que el activo falla, pueda restaurarse a su condición operativa dentro de un tiempo dado. Depende tanto del diseño físico del equipo, que puede facilitar o dificultar el acceso a sus componentes internos, como de la organización de mantenimiento encargada de repararlo.
Disponibilidad combina las dos anteriores y mide la probabilidad de que el activo se encuentre en condición de operar en un instante cualquiera. Un equipo puede ser poco confiable pero muy mantenible, y aun así lograr una disponibilidad aceptable si sus reparaciones son rápidas y frecuentes.
Seguridad, la letra que distingue a RAMS de su versión más simplificada RAM, mide la probabilidad de que los sistemas de protección respondan correctamente cuando se les exige actuar, evitando que una falla técnica se convierta en un incidente que afecte a las personas o al ambiente.
Estas cuatro dimensiones rara vez actúan de manera independiente en un equipo real, ya que están interconectadas. Por ejemplo, mejorar la mantenibilidad de un activo con un diseño más accesible puede compensar una confiabilidad moderada y aun así ofrecer una disponibilidad competitiva frente a equipos técnicamente más robustos pero más difíciles de reparar.
Sus relaciones mátematicas se expresan de la siguiente manera, según el libro de Distribuciones de Probabilidad, usadas en Ingeniería de Confiabilidad, por el Centro de Riesgo y Confiabilidad de la Universidad de Maryland (O’Connor, Modarres & Mosleh, 2016).
Resumen de las relaciones entre las funciones importantes de confiabilidad - Probability Distributions Used in Reliability Engineering - Fuente Maryland University
Recorrido de los datos desde el equipo hasta el resultado financiero
Cuando un técnico registra el tiempo que un compresor estuvo detenido o el momento exacto en que un sensor dejó de responder, ese dato entra a un flujo de transformación con destino muy concreto. El esquema de la ISO 20815. (2018) describe este recorrido en cuatro etapas sucesivas, y comprenderlo evita tratar los indicadores RAMS como cifras aisladas de reporte mensual.
El Recorrido de los Indicadores RAM, y su relación con la gestión de activos. Adaptado desde ISO 20815; Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
La primera etapa corresponde a los datos de confiabilidad y mantenibilidad capturados en campo, principalmente el tiempo hasta la falla (TTF, por sus siglas en inglés), el tiempo hasta el mantenimiento (TTM) y el tiempo de reparación (TTR).
La segunda, procesa esos tiempos para obtener indicadores de disponibilidad, tanto la inherente (Ai) como la operacional (Ao), que reflejan qué proporción del tiempo total el activo estuvo realmente en capacidad de cumplir su función.
En la tercera esa disponibilidad se traduce en indicadores de producción, incluida la calidad de la producción efectiva (Qefec), y solo en la cuarta etapa el resultado llega a los indicadores económicos, entre ellos el valor presente neto, la tasa interna de retorno y el estado de ingresos de la corporación.
Cada etapa depende por completo de la calidad de la anterior; porque cuando ocurre un registro de tiempo de falla mal capturado se distorsiona el cálculo de los atributos, como la disponibilidad, y al estar mal estimada, el error puede arrastrar hasta el indicador financiero final. Por esa razón, ningún análisis económico serio de un activo industrial puede construirse sin antes garantizar la integridad del dato de campo del cual parte.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
No toda disponibilidad se calcula de la misma manera, y confundir ambas versiones lleva a decisiones equivocadas sobre dónde invertir el esfuerzo de mejora.
Disponibilidad inherente(Di) considera únicamente el tiempo de operación y el tiempo de reparación activa del equipo, es decir, el comportamiento que depende exclusivamente del diseño físico del activo y de la habilidad técnica de quien lo repara.
Disponibilidad operacional(Do), en cambio, incorpora también los tiempos que rodean la reparación, la espera por personal, la movilización de repuestos desde el almacén y cualquier demora logística asociada. Dos equipos idénticos en diseño pueden mostrar disponibilidades operacionales muy distintas si uno cuenta con un sistema de repuestos ágil y el otro no, aunque su disponibilidad inherente sea prácticamente igual.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
Esta diferencia nos explica por qué mejorar exclusivamente el diseño de un equipo no siempre resuelve un problema de disponibilidad que en realidad nace en la cadena logística de mantenimiento.
Sobre las abreviaturas, en ingles sus equivalentes son; 1. TPPF = MTTF, 2. TPPR = MTTR y 3. TMP = se escribe igual.
Marco normativo sobre los KPIs RAM
La recolección y el intercambio de datos de confiabilidad y mantenibilidad se normalizaron en un principio gracias a la industria de hidrocarburos lo que la llevo posteriormente a sectores afines, quedando definidos por excelencia bajo un conjunto de estándares internacionales que se complementan entre sí, como con la ISO 14224; que fija cómo debe registrarse un evento de falla o una intervención de mantenimiento para que sea comparable entre plantas distintas, aun cuando pertenezcan a operadores diferentes.
Marco normativo sobre los KPIs RAM. Adaptado de ISO 20815; Curso RAM - Enrique Gonzales
A partir de esa base de datos homologada se despliegan tres líneas de análisis con marcos normativos propios:
Análisis de disponibilidad de equipos y sistemas, sustentado en la ISO/TR 12489, que modela el comportamiento probabilístico de sistemas de seguridad y protección, estimando la probabilidad de que una función de protección falle cuando se le exige actuar.
Análisis de producción o capacidad efectiva, sustentado en la ISO 20815, que evalúa cómo la disponibilidad técnica se traduce en volumen de producción realmente entregado frente al volumen planificado.
Análisis de costos en el ciclo de vida, sustentado en la ISO 15663, complementada por la ISO 19008 para la codificación estandarizada de costos en instalaciones de producción de petróleo y gas.
Cada una responde una pregunta distinta sobre el mismo activo: la disponibilidad de sistemas de seguridad protege la integridad física de la instalación y de las personas que trabajan en ella, la disponibilidad de producción protege el volumen que la planta entrega a sus clientes, y el costo de ciclo de vida protege la decisión de inversión detrás de cada equipo.
El análisis de costos en el ciclo de vida suele organizarse alrededor de tres grandes bloques de gasto que compiten entre sí; en primer lugar destaca la inversión inicial requerida para adquirir e instalar el activo, a lo que se suma el gasto operativo recurrente que exige mantenerlo funcionando y, finalmente, el costo de las pérdidas de producción cuando ese equipo falla de forma imprevista. Por consiguiente, una decisión de diseño que aumenta la inversión inicial, como escoger un material de mayor calidad o incorporar redundancia física, casi siempre se justifica cuando reduce de forma sustancial los otros dos bloques a lo largo de la vida útil del sistema.
Jerarquía de indicadores RAMS dentro de la gestión de activos
Los indicadores RAMS no se quedan en el nivel donde se generan. Se integran, en forma de cadena, con los indicadores clave de desempeño de niveles organizacionales superiores, y esa integración jerárquica es lo que permite a una empresa vincular sus metas estratégicas con el comportamiento técnico diario de sus equipos.
RAM y los KPIs asociados al logro de las metas corporativas. Fuente: Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
En el nivel operativo, la base de la estructura, los indicadores se asocian de forma directa a las características intrínsecas del diseño de los equipos, a su contexto operativo y a la efectividad de la gestión de mantenimiento que reciben. Aquí conviven varios indicadores complementarios:
Tiempo medio entre fallas y el tiempo medio para restaurar, que cuantifican la confiabilidad y la mantenibilidad del equipo individual.
Confiabilidad, disponibilidad y mantenibilidad propiamente dichas, calculadas a partir de esos tiempos.
Efectividad general de los equipos, conocida por sus siglas en inglés OEE, que combina disponibilidad, desempeño y calidad en un solo número.
Efectividad de los procesos de trabajo y la efectividad de los almacenes, que miden qué tan bien responde la organización de mantenimiento y de repuestos alrededor del equipo.
Subiendo un nivel, el nivel táctico traduce ese desempeño técnico en variables financieras de soporte. Aquí se ubican la efectividad de costos, que revisa el presupuesto de mantenimiento correctivo y preventivo, y la efectividad de capital, que evalúa el retorno de las inversiones destinadas a corregir fallas recurrentes mediante modificaciones físicas.
Finalmente, en el nivelestratégico, la organización mide su desempeño global mediante indicadores corporativos como el valor económico agregado, que cuantifica la riqueza generada por los activos por encima del costo del capital empleado.
El logro de las metas estratégicas del negocio requiere necesariamente la definición y el monitoreo constante de estos indicadores en los tres niveles, porque una meta corporativa sin indicadores operativos que la sostengan es una aspiración sin mecanismo de verificación. Cuando un activo crítico reduce su confiabilidad en el taller, ese deterioro técnico sube por la cadena hasta manifestarse en el costo de capital y, finalmente, en el valor económico agregado que revisa la alta dirección.
La dirección de esa cadena importa tanto como su existencia. La información técnica fluye hacia arriba, del taller a la dirección, mientras que las metas y los recursos fluyen hacia abajo, de la dirección al taller.
Una organización madura en la gestión de sus activos mantiene ambos flujos activos de forma simultánea, de modo que el personal técnico entiende el valor financiero de su trabajo diario y la alta dirección cuenta con evidencia técnica objetiva antes de aprobar o rechazar una inversión.
¿Qué cambia cuando una organización realiza sus mediciones con esta lógica?
Adoptar los indicadores RAMS como una práctica sistemática cambia la forma en que una organización industrial discute sus decisiones de mantenimiento. Todos los gerentes de plantas que pueden mostrar cómo el tiempo medio para restaurar (TPPR; MTTR) de un equipo específico afecta el valor económico agregado del negocio tiene un argumento distinto al de quien solo reporta horas de parada sin ese vínculo.
Esa capacidad de conversión, entre los datos técnicos al resultado financiero, es lo que convierte a la ingeniería de confiabilidad en un interlocutor con peso frente a la dirección de la empresa.
No debe de competir con las finanzas corporativas, les entrega el insumo que necesitan para decidir con fundamento técnico dónde invertir en redundancia, en calidad de repuestos o en frecuencia de mantenimiento preventivo.
La calidad del dato como una condición indispensable
Todo lo expuesto anteriormente depende de la calidad del dato de campo, ya que los indicadores RAMS no pueden ser calculados sobre registros incompletos, inconsistentes entre modos y causas de falla, o con un período de observación demasiado corto, lo que produce cifras que aparentan ser precisas sin ser realmente exactas.
La recolección de los datos exige, entonces, tres condiciones mínimas antes de que cualquier análisis probabilístico posterior tenga valor.
Tener registros completos asegura que ningun evento de falla quede fuera del historial del equipo.
Mantener la coherencia lógica entre el modo de falla observado y la causa raíz identificada previene a las contradicciones que un modelo matemático no podría resolver por sí solo.
Además, un período de observación con una población representativa evita que un solo caso atípico distorsione el promedio de toda una familia de equipos.
Por lo tanto, ninguna organización que realmente aspire a vincular sus indicadores técnicos con sus decisiones financieras puede saltarse esta etapa. Asimismo, es evidente que la sofisticación de un modelo probabilístico o de un análisis de ciclo de vida nunca compensa la debilidad del dato que lo alimenta, y esa es la razón por la que los programas serios de gestión de activos invierten tiempo considerable en estandarizar las formas en cómo se registra un evento de falla mucho antes de discutir qué modelo matemático aplicarán sobre esos registros.
Los indicadores RAMS agrupan cuatro atributos técnicos de un equipo o sistema industrial, la confiabilidad, la disponibilidad, la mantenibilidad y la seguridad, cuantificados a partir de los tiempos que ese equipo pasa operando, en mantenimiento o restaurándose después de una falla. Dentro de la gestión de activos, cada letra de la sigla describe una faceta distinta del mismo comportamiento físico de los activos.
Este conjunto de indicadores concentra el interés de perfiles muy distintos dentro de una organización industrial. Al ingeniero de confiabilidad le permite diagnosticar el comportamiento técnico de sus activos, al planificador de mantenimiento le da una base objetiva para decidir intervenciones, y a la dirección de la empresa le traduce ese comportamiento en cifras que sí entiende, disponibilidad de producción, costo y retorno de inversión. Ningún nivel de la organización queda fuera del alcance de estos datos.
La obtención de los indicadores RAMS parte de un registro sistemático de tiempos de falla, tiempos de mantenimiento y tiempos de restauración capturados directamente en planta. Con esa información se calculan parámetros como los de la disponibilidad inherente y operacional, y esas cifras alimentan a su vez indicadores de calidad efectiva de producción. El estándar ISO 20815, que rige el aseguramiento de la producción en la industria de hidrocarburos, ilustra este flujo mediante un esquema donde los datos de confiabilidad y mantenibilidad recopilados en campo se transforman progresivamente en indicadores de producción y, finalmente, en indicadores económicos corporativos.
Estándar ISO 20815; Petroleum, petrochemical and natural gas industries - Production assurance and reliability management. Fuente: propia
Lograr comprender esta cadena tiene un efecto directo sobre la rentabilidad, porque conecta el comportamiento físico de los equipos con el valor presente neto y la tasa interna de retorno que revisa la junta directiva. Ese vínculo, es difícil de ignorar, porque deja a la ingeniería de confiabilidad hablando en idiomas distintos al de las finanzas de la empresa, algo que ninguna organización que gestiona activos críticos puede permitirse durante mucho tiempo.
¿Qué miden los atributos de desempeño y seguridad — RAMS?
Antes de seguir el recorrido de un dato conviene fijar qué mide cada componente de RAMS, porque en la práctica diaria suelen mencionarse juntos sin distinguir con precisión a qué pregunta responde cada uno.
Confiabilidad mide la probabilidad de que un activo cumpla la función requerida durante un intervalo de tiempo determinado, bajo condiciones específicas de operación. Es una función que por naturaleza decrece con el tiempo, un equipo nuevo tiene mayor probabilidad de sobrevivir sin fallar que otro mismo equipo tras varios años de uso continuo.
Mantenibilidad mide la probabilidad de que, una vez que el activo falla, pueda restaurarse a su condición operativa dentro de un tiempo dado. Depende tanto del diseño físico del equipo, que puede facilitar o dificultar el acceso a sus componentes internos, como de la organización de mantenimiento encargada de repararlo.
Disponibilidad combina las dos anteriores y mide la probabilidad de que el activo se encuentre en condición de operar en un instante cualquiera. Un equipo puede ser poco confiable pero muy mantenible, y aun así lograr una disponibilidad aceptable si sus reparaciones son rápidas y frecuentes.
Seguridad, la letra que distingue a RAMS de su versión más simplificada RAM, mide la probabilidad de que los sistemas de protección respondan correctamente cuando se les exige actuar, evitando que una falla técnica se convierta en un incidente que afecte a las personas o al ambiente.
Estas cuatro dimensiones rara vez actúan de manera independiente en un equipo real, ya que están interconectadas. Por ejemplo, mejorar la mantenibilidad de un activo con un diseño más accesible puede compensar una confiabilidad moderada y aun así ofrecer una disponibilidad competitiva frente a equipos técnicamente más robustos pero más difíciles de reparar.
Sus relaciones mátematicas se expresan de la siguiente manera, según el libro de Distribuciones de Probabilidad, usadas en Ingeniería de Confiabilidad, por el Centro de Riesgo y Confiabilidad de la Universidad de Maryland (O’Connor, Modarres & Mosleh, 2016).
Resumen de las relaciones entre las funciones importantes de confiabilidad - Probability Distributions Used in Reliability Engineering - Fuente Maryland University
Recorrido de los datos desde el equipo hasta el resultado financiero
Cuando un técnico registra el tiempo que un compresor estuvo detenido o el momento exacto en que un sensor dejó de responder, ese dato entra a un flujo de transformación con destino muy concreto. El esquema de la ISO 20815. (2018) describe este recorrido en cuatro etapas sucesivas, y comprenderlo evita tratar los indicadores RAMS como cifras aisladas de reporte mensual.
El Recorrido de los Indicadores RAM, y su relación con la gestión de activos. Adaptado desde ISO 20815; Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
La primera etapa corresponde a los datos de confiabilidad y mantenibilidad capturados en campo, principalmente el tiempo hasta la falla (TTF, por sus siglas en inglés), el tiempo hasta el mantenimiento (TTM) y el tiempo de reparación (TTR).
La segunda, procesa esos tiempos para obtener indicadores de disponibilidad, tanto la inherente (Ai) como la operacional (Ao), que reflejan qué proporción del tiempo total el activo estuvo realmente en capacidad de cumplir su función.
En la tercera esa disponibilidad se traduce en indicadores de producción, incluida la calidad de la producción efectiva (Qefec), y solo en la cuarta etapa el resultado llega a los indicadores económicos, entre ellos el valor presente neto, la tasa interna de retorno y el estado de ingresos de la corporación.
Cada etapa depende por completo de la calidad de la anterior; porque cuando ocurre un registro de tiempo de falla mal capturado se distorsiona el cálculo de los atributos, como la disponibilidad, y al estar mal estimada, el error puede arrastrar hasta el indicador financiero final. Por esa razón, ningún análisis económico serio de un activo industrial puede construirse sin antes garantizar la integridad del dato de campo del cual parte.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
No toda disponibilidad se calcula de la misma manera, y confundir ambas versiones lleva a decisiones equivocadas sobre dónde invertir el esfuerzo de mejora.
Disponibilidad inherente(Di) considera únicamente el tiempo de operación y el tiempo de reparación activa del equipo, es decir, el comportamiento que depende exclusivamente del diseño físico del activo y de la habilidad técnica de quien lo repara.
Disponibilidad operacional(Do), en cambio, incorpora también los tiempos que rodean la reparación, la espera por personal, la movilización de repuestos desde el almacén y cualquier demora logística asociada. Dos equipos idénticos en diseño pueden mostrar disponibilidades operacionales muy distintas si uno cuenta con un sistema de repuestos ágil y el otro no, aunque su disponibilidad inherente sea prácticamente igual.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
Esta diferencia nos explica por qué mejorar exclusivamente el diseño de un equipo no siempre resuelve un problema de disponibilidad que en realidad nace en la cadena logística de mantenimiento.
Sobre las abreviaturas, en ingles sus equivalentes son; 1. TPPF = MTTF, 2. TPPR = MTTR y 3. TMP = se escribe igual.
Marco normativo sobre los KPIs RAM
La recolección y el intercambio de datos de confiabilidad y mantenibilidad se normalizaron en un principio gracias a la industria de hidrocarburos lo que la llevo posteriormente a sectores afines, quedando definidos por excelencia bajo un conjunto de estándares internacionales que se complementan entre sí, como con la ISO 14224; que fija cómo debe registrarse un evento de falla o una intervención de mantenimiento para que sea comparable entre plantas distintas, aun cuando pertenezcan a operadores diferentes.
Marco normativo sobre los KPIs RAM. Adaptado de ISO 20815; Curso RAM - Enrique Gonzales
A partir de esa base de datos homologada se despliegan tres líneas de análisis con marcos normativos propios:
Análisis de disponibilidad de equipos y sistemas, sustentado en la ISO/TR 12489, que modela el comportamiento probabilístico de sistemas de seguridad y protección, estimando la probabilidad de que una función de protección falle cuando se le exige actuar.
Análisis de producción o capacidad efectiva, sustentado en la ISO 20815, que evalúa cómo la disponibilidad técnica se traduce en volumen de producción realmente entregado frente al volumen planificado.
Análisis de costos en el ciclo de vida, sustentado en la ISO 15663, complementada por la ISO 19008 para la codificación estandarizada de costos en instalaciones de producción de petróleo y gas.
Cada una responde una pregunta distinta sobre el mismo activo: la disponibilidad de sistemas de seguridad protege la integridad física de la instalación y de las personas que trabajan en ella, la disponibilidad de producción protege el volumen que la planta entrega a sus clientes, y el costo de ciclo de vida protege la decisión de inversión detrás de cada equipo.
El análisis de costos en el ciclo de vida suele organizarse alrededor de tres grandes bloques de gasto que compiten entre sí; en primer lugar destaca la inversión inicial requerida para adquirir e instalar el activo, a lo que se suma el gasto operativo recurrente que exige mantenerlo funcionando y, finalmente, el costo de las pérdidas de producción cuando ese equipo falla de forma imprevista. Por consiguiente, una decisión de diseño que aumenta la inversión inicial, como escoger un material de mayor calidad o incorporar redundancia física, casi siempre se justifica cuando reduce de forma sustancial los otros dos bloques a lo largo de la vida útil del sistema.
Jerarquía de indicadores RAMS dentro de la gestión de activos
Los indicadores RAMS no se quedan en el nivel donde se generan. Se integran, en forma de cadena, con los indicadores clave de desempeño de niveles organizacionales superiores, y esa integración jerárquica es lo que permite a una empresa vincular sus metas estratégicas con el comportamiento técnico diario de sus equipos.
RAM y los KPIs asociados al logro de las metas corporativas. Fuente: Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
En el nivel operativo, la base de la estructura, los indicadores se asocian de forma directa a las características intrínsecas del diseño de los equipos, a su contexto operativo y a la efectividad de la gestión de mantenimiento que reciben. Aquí conviven varios indicadores complementarios:
Tiempo medio entre fallas y el tiempo medio para restaurar, que cuantifican la confiabilidad y la mantenibilidad del equipo individual.
Confiabilidad, disponibilidad y mantenibilidad propiamente dichas, calculadas a partir de esos tiempos.
Efectividad general de los equipos, conocida por sus siglas en inglés OEE, que combina disponibilidad, desempeño y calidad en un solo número.
Efectividad de los procesos de trabajo y la efectividad de los almacenes, que miden qué tan bien responde la organización de mantenimiento y de repuestos alrededor del equipo.
Subiendo un nivel, el nivel táctico traduce ese desempeño técnico en variables financieras de soporte. Aquí se ubican la efectividad de costos, que revisa el presupuesto de mantenimiento correctivo y preventivo, y la efectividad de capital, que evalúa el retorno de las inversiones destinadas a corregir fallas recurrentes mediante modificaciones físicas.
Finalmente, en el nivelestratégico, la organización mide su desempeño global mediante indicadores corporativos como el valor económico agregado, que cuantifica la riqueza generada por los activos por encima del costo del capital empleado.
El logro de las metas estratégicas del negocio requiere necesariamente la definición y el monitoreo constante de estos indicadores en los tres niveles, porque una meta corporativa sin indicadores operativos que la sostengan es una aspiración sin mecanismo de verificación. Cuando un activo crítico reduce su confiabilidad en el taller, ese deterioro técnico sube por la cadena hasta manifestarse en el costo de capital y, finalmente, en el valor económico agregado que revisa la alta dirección.
La dirección de esa cadena importa tanto como su existencia. La información técnica fluye hacia arriba, del taller a la dirección, mientras que las metas y los recursos fluyen hacia abajo, de la dirección al taller.
Una organización madura en la gestión de sus activos mantiene ambos flujos activos de forma simultánea, de modo que el personal técnico entiende el valor financiero de su trabajo diario y la alta dirección cuenta con evidencia técnica objetiva antes de aprobar o rechazar una inversión.
¿Qué cambia cuando una organización realiza sus mediciones con esta lógica?
Adoptar los indicadores RAMS como una práctica sistemática cambia la forma en que una organización industrial discute sus decisiones de mantenimiento. Todos los gerentes de plantas que pueden mostrar cómo el tiempo medio para restaurar (TPPR; MTTR) de un equipo específico afecta el valor económico agregado del negocio tiene un argumento distinto al de quien solo reporta horas de parada sin ese vínculo.
Esa capacidad de conversión, entre los datos técnicos al resultado financiero, es lo que convierte a la ingeniería de confiabilidad en un interlocutor con peso frente a la dirección de la empresa.
No debe de competir con las finanzas corporativas, les entrega el insumo que necesitan para decidir con fundamento técnico dónde invertir en redundancia, en calidad de repuestos o en frecuencia de mantenimiento preventivo.
La calidad del dato como una condición indispensable
Todo lo expuesto anteriormente depende de la calidad del dato de campo, ya que los indicadores RAMS no pueden ser calculados sobre registros incompletos, inconsistentes entre modos y causas de falla, o con un período de observación demasiado corto, lo que produce cifras que aparentan ser precisas sin ser realmente exactas.
La recolección de los datos exige, entonces, tres condiciones mínimas antes de que cualquier análisis probabilístico posterior tenga valor.
Tener registros completos asegura que ningun evento de falla quede fuera del historial del equipo.
Mantener la coherencia lógica entre el modo de falla observado y la causa raíz identificada previene a las contradicciones que un modelo matemático no podría resolver por sí solo.
Además, un período de observación con una población representativa evita que un solo caso atípico distorsione el promedio de toda una familia de equipos.
Por lo tanto, ninguna organización que realmente aspire a vincular sus indicadores técnicos con sus decisiones financieras puede saltarse esta etapa. Asimismo, es evidente que la sofisticación de un modelo probabilístico o de un análisis de ciclo de vida nunca compensa la debilidad del dato que lo alimenta, y esa es la razón por la que los programas serios de gestión de activos invierten tiempo considerable en estandarizar las formas en cómo se registra un evento de falla mucho antes de discutir qué modelo matemático aplicarán sobre esos registros.
Autor: Predictiva21La revista digital de Mantenimiento, Confiabilidad y Gestión de Activos.
Los indicadores RAMS agrupan cuatro atributos técnicos de un equipo o sistema industrial, la confiabilidad, la disponibilidad, la mantenibilidad y la seguridad, cuantificados a partir de los tiempos que ese equipo pasa operando, en mantenimiento o restaurándose después de una falla. Dentro de la gestión de activos, cada letra de la sigla describe una faceta distinta del mismo comportamiento físico de los activos.
Este conjunto de indicadores concentra el interés de perfiles muy distintos dentro de una organización industrial. Al ingeniero de confiabilidad le permite diagnosticar el comportamiento técnico de sus activos, al planificador de mantenimiento le da una base objetiva para decidir intervenciones, y a la dirección de la empresa le traduce ese comportamiento en cifras que sí entiende, disponibilidad de producción, costo y retorno de inversión. Ningún nivel de la organización queda fuera del alcance de estos datos.
La obtención de los indicadores RAMS parte de un registro sistemático de tiempos de falla, tiempos de mantenimiento y tiempos de restauración capturados directamente en planta. Con esa información se calculan parámetros como los de la disponibilidad inherente y operacional, y esas cifras alimentan a su vez indicadores de calidad efectiva de producción. El estándar ISO 20815, que rige el aseguramiento de la producción en la industria de hidrocarburos, ilustra este flujo mediante un esquema donde los datos de confiabilidad y mantenibilidad recopilados en campo se transforman progresivamente en indicadores de producción y, finalmente, en indicadores económicos corporativos.
Estándar ISO 20815; Petroleum, petrochemical and natural gas industries - Production assurance and reliability management. Fuente: propia
Lograr comprender esta cadena tiene un efecto directo sobre la rentabilidad, porque conecta el comportamiento físico de los equipos con el valor presente neto y la tasa interna de retorno que revisa la junta directiva. Ese vínculo, es difícil de ignorar, porque deja a la ingeniería de confiabilidad hablando en idiomas distintos al de las finanzas de la empresa, algo que ninguna organización que gestiona activos críticos puede permitirse durante mucho tiempo.
¿Qué miden los atributos de desempeño y seguridad — RAMS?
Antes de seguir el recorrido de un dato conviene fijar qué mide cada componente de RAMS, porque en la práctica diaria suelen mencionarse juntos sin distinguir con precisión a qué pregunta responde cada uno.
Confiabilidad mide la probabilidad de que un activo cumpla la función requerida durante un intervalo de tiempo determinado, bajo condiciones específicas de operación. Es una función que por naturaleza decrece con el tiempo, un equipo nuevo tiene mayor probabilidad de sobrevivir sin fallar que otro mismo equipo tras varios años de uso continuo.
Mantenibilidad mide la probabilidad de que, una vez que el activo falla, pueda restaurarse a su condición operativa dentro de un tiempo dado. Depende tanto del diseño físico del equipo, que puede facilitar o dificultar el acceso a sus componentes internos, como de la organización de mantenimiento encargada de repararlo.
Disponibilidad combina las dos anteriores y mide la probabilidad de que el activo se encuentre en condición de operar en un instante cualquiera. Un equipo puede ser poco confiable pero muy mantenible, y aun así lograr una disponibilidad aceptable si sus reparaciones son rápidas y frecuentes.
Seguridad, la letra que distingue a RAMS de su versión más simplificada RAM, mide la probabilidad de que los sistemas de protección respondan correctamente cuando se les exige actuar, evitando que una falla técnica se convierta en un incidente que afecte a las personas o al ambiente.
Estas cuatro dimensiones rara vez actúan de manera independiente en un equipo real, ya que están interconectadas. Por ejemplo, mejorar la mantenibilidad de un activo con un diseño más accesible puede compensar una confiabilidad moderada y aun así ofrecer una disponibilidad competitiva frente a equipos técnicamente más robustos pero más difíciles de reparar.
Sus relaciones mátematicas se expresan de la siguiente manera, según el libro de Distribuciones de Probabilidad, usadas en Ingeniería de Confiabilidad, por el Centro de Riesgo y Confiabilidad de la Universidad de Maryland (O’Connor, Modarres & Mosleh, 2016).
Resumen de las relaciones entre las funciones importantes de confiabilidad - Probability Distributions Used in Reliability Engineering - Fuente Maryland University
Recorrido de los datos desde el equipo hasta el resultado financiero
Cuando un técnico registra el tiempo que un compresor estuvo detenido o el momento exacto en que un sensor dejó de responder, ese dato entra a un flujo de transformación con destino muy concreto. El esquema de la ISO 20815. (2018) describe este recorrido en cuatro etapas sucesivas, y comprenderlo evita tratar los indicadores RAMS como cifras aisladas de reporte mensual.
El Recorrido de los Indicadores RAM, y su relación con la gestión de activos. Adaptado desde ISO 20815; Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
La primera etapa corresponde a los datos de confiabilidad y mantenibilidad capturados en campo, principalmente el tiempo hasta la falla (TTF, por sus siglas en inglés), el tiempo hasta el mantenimiento (TTM) y el tiempo de reparación (TTR).
La segunda, procesa esos tiempos para obtener indicadores de disponibilidad, tanto la inherente (Ai) como la operacional (Ao), que reflejan qué proporción del tiempo total el activo estuvo realmente en capacidad de cumplir su función.
En la tercera esa disponibilidad se traduce en indicadores de producción, incluida la calidad de la producción efectiva (Qefec), y solo en la cuarta etapa el resultado llega a los indicadores económicos, entre ellos el valor presente neto, la tasa interna de retorno y el estado de ingresos de la corporación.
Cada etapa depende por completo de la calidad de la anterior; porque cuando ocurre un registro de tiempo de falla mal capturado se distorsiona el cálculo de los atributos, como la disponibilidad, y al estar mal estimada, el error puede arrastrar hasta el indicador financiero final. Por esa razón, ningún análisis económico serio de un activo industrial puede construirse sin antes garantizar la integridad del dato de campo del cual parte.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
No toda disponibilidad se calcula de la misma manera, y confundir ambas versiones lleva a decisiones equivocadas sobre dónde invertir el esfuerzo de mejora.
Disponibilidad inherente(Di) considera únicamente el tiempo de operación y el tiempo de reparación activa del equipo, es decir, el comportamiento que depende exclusivamente del diseño físico del activo y de la habilidad técnica de quien lo repara.
Disponibilidad operacional(Do), en cambio, incorpora también los tiempos que rodean la reparación, la espera por personal, la movilización de repuestos desde el almacén y cualquier demora logística asociada. Dos equipos idénticos en diseño pueden mostrar disponibilidades operacionales muy distintas si uno cuenta con un sistema de repuestos ágil y el otro no, aunque su disponibilidad inherente sea prácticamente igual.
Diferencias entre la disponibilidad inherente de la operacional
Esta diferencia nos explica por qué mejorar exclusivamente el diseño de un equipo no siempre resuelve un problema de disponibilidad que en realidad nace en la cadena logística de mantenimiento.
Sobre las abreviaturas, en ingles sus equivalentes son; 1. TPPF = MTTF, 2. TPPR = MTTR y 3. TMP = se escribe igual.
Marco normativo sobre los KPIs RAM
La recolección y el intercambio de datos de confiabilidad y mantenibilidad se normalizaron en un principio gracias a la industria de hidrocarburos lo que la llevo posteriormente a sectores afines, quedando definidos por excelencia bajo un conjunto de estándares internacionales que se complementan entre sí, como con la ISO 14224; que fija cómo debe registrarse un evento de falla o una intervención de mantenimiento para que sea comparable entre plantas distintas, aun cuando pertenezcan a operadores diferentes.
Marco normativo sobre los KPIs RAM. Adaptado de ISO 20815; Curso RAM - Enrique Gonzales
A partir de esa base de datos homologada se despliegan tres líneas de análisis con marcos normativos propios:
Análisis de disponibilidad de equipos y sistemas, sustentado en la ISO/TR 12489, que modela el comportamiento probabilístico de sistemas de seguridad y protección, estimando la probabilidad de que una función de protección falle cuando se le exige actuar.
Análisis de producción o capacidad efectiva, sustentado en la ISO 20815, que evalúa cómo la disponibilidad técnica se traduce en volumen de producción realmente entregado frente al volumen planificado.
Análisis de costos en el ciclo de vida, sustentado en la ISO 15663, complementada por la ISO 19008 para la codificación estandarizada de costos en instalaciones de producción de petróleo y gas.
Cada una responde una pregunta distinta sobre el mismo activo: la disponibilidad de sistemas de seguridad protege la integridad física de la instalación y de las personas que trabajan en ella, la disponibilidad de producción protege el volumen que la planta entrega a sus clientes, y el costo de ciclo de vida protege la decisión de inversión detrás de cada equipo.
El análisis de costos en el ciclo de vida suele organizarse alrededor de tres grandes bloques de gasto que compiten entre sí; en primer lugar destaca la inversión inicial requerida para adquirir e instalar el activo, a lo que se suma el gasto operativo recurrente que exige mantenerlo funcionando y, finalmente, el costo de las pérdidas de producción cuando ese equipo falla de forma imprevista. Por consiguiente, una decisión de diseño que aumenta la inversión inicial, como escoger un material de mayor calidad o incorporar redundancia física, casi siempre se justifica cuando reduce de forma sustancial los otros dos bloques a lo largo de la vida útil del sistema.
Jerarquía de indicadores RAMS dentro de la gestión de activos
Los indicadores RAMS no se quedan en el nivel donde se generan. Se integran, en forma de cadena, con los indicadores clave de desempeño de niveles organizacionales superiores, y esa integración jerárquica es lo que permite a una empresa vincular sus metas estratégicas con el comportamiento técnico diario de sus equipos.
RAM y los KPIs asociados al logro de las metas corporativas. Fuente: Curso RAM - Predictiva21 - Enrique Gonzales
En el nivel operativo, la base de la estructura, los indicadores se asocian de forma directa a las características intrínsecas del diseño de los equipos, a su contexto operativo y a la efectividad de la gestión de mantenimiento que reciben. Aquí conviven varios indicadores complementarios:
Tiempo medio entre fallas y el tiempo medio para restaurar, que cuantifican la confiabilidad y la mantenibilidad del equipo individual.
Confiabilidad, disponibilidad y mantenibilidad propiamente dichas, calculadas a partir de esos tiempos.
Efectividad general de los equipos, conocida por sus siglas en inglés OEE, que combina disponibilidad, desempeño y calidad en un solo número.
Efectividad de los procesos de trabajo y la efectividad de los almacenes, que miden qué tan bien responde la organización de mantenimiento y de repuestos alrededor del equipo.
Subiendo un nivel, el nivel táctico traduce ese desempeño técnico en variables financieras de soporte. Aquí se ubican la efectividad de costos, que revisa el presupuesto de mantenimiento correctivo y preventivo, y la efectividad de capital, que evalúa el retorno de las inversiones destinadas a corregir fallas recurrentes mediante modificaciones físicas.
Finalmente, en el nivelestratégico, la organización mide su desempeño global mediante indicadores corporativos como el valor económico agregado, que cuantifica la riqueza generada por los activos por encima del costo del capital empleado.
El logro de las metas estratégicas del negocio requiere necesariamente la definición y el monitoreo constante de estos indicadores en los tres niveles, porque una meta corporativa sin indicadores operativos que la sostengan es una aspiración sin mecanismo de verificación. Cuando un activo crítico reduce su confiabilidad en el taller, ese deterioro técnico sube por la cadena hasta manifestarse en el costo de capital y, finalmente, en el valor económico agregado que revisa la alta dirección.
La dirección de esa cadena importa tanto como su existencia. La información técnica fluye hacia arriba, del taller a la dirección, mientras que las metas y los recursos fluyen hacia abajo, de la dirección al taller.
Una organización madura en la gestión de sus activos mantiene ambos flujos activos de forma simultánea, de modo que el personal técnico entiende el valor financiero de su trabajo diario y la alta dirección cuenta con evidencia técnica objetiva antes de aprobar o rechazar una inversión.
¿Qué cambia cuando una organización realiza sus mediciones con esta lógica?
Adoptar los indicadores RAMS como una práctica sistemática cambia la forma en que una organización industrial discute sus decisiones de mantenimiento. Todos los gerentes de plantas que pueden mostrar cómo el tiempo medio para restaurar (TPPR; MTTR) de un equipo específico afecta el valor económico agregado del negocio tiene un argumento distinto al de quien solo reporta horas de parada sin ese vínculo.
Esa capacidad de conversión, entre los datos técnicos al resultado financiero, es lo que convierte a la ingeniería de confiabilidad en un interlocutor con peso frente a la dirección de la empresa.
No debe de competir con las finanzas corporativas, les entrega el insumo que necesitan para decidir con fundamento técnico dónde invertir en redundancia, en calidad de repuestos o en frecuencia de mantenimiento preventivo.
La calidad del dato como una condición indispensable
Todo lo expuesto anteriormente depende de la calidad del dato de campo, ya que los indicadores RAMS no pueden ser calculados sobre registros incompletos, inconsistentes entre modos y causas de falla, o con un período de observación demasiado corto, lo que produce cifras que aparentan ser precisas sin ser realmente exactas.
La recolección de los datos exige, entonces, tres condiciones mínimas antes de que cualquier análisis probabilístico posterior tenga valor.
Tener registros completos asegura que ningun evento de falla quede fuera del historial del equipo.
Mantener la coherencia lógica entre el modo de falla observado y la causa raíz identificada previene a las contradicciones que un modelo matemático no podría resolver por sí solo.
Además, un período de observación con una población representativa evita que un solo caso atípico distorsione el promedio de toda una familia de equipos.
Por lo tanto, ninguna organización que realmente aspire a vincular sus indicadores técnicos con sus decisiones financieras puede saltarse esta etapa. Asimismo, es evidente que la sofisticación de un modelo probabilístico o de un análisis de ciclo de vida nunca compensa la debilidad del dato que lo alimenta, y esa es la razón por la que los programas serios de gestión de activos invierten tiempo considerable en estandarizar las formas en cómo se registra un evento de falla mucho antes de discutir qué modelo matemático aplicarán sobre esos registros.